CONSEJO DERMOFARMACÉUTICO EN EL CUIDADO DE LA PIEL DEL PACIENTE ONCOLÓGICO AFECTADO POR CANCER DE MAMA.

Blanca Llácer, farmacéutica comunitaria
Vocal de Dermofarmacia y Formulación Magistral COF Alicante

Que el farmacéutico comunitario es el profesional sanitario más accesible y de mayor confianza para la población es un hecho que hoy nadie discute. El rol de promotor de la salud y de educador sanitario juega un papel fundamental en su día a día, pero sobre todo cuando hablamos del paciente sometido a tratamiento oncológico.

El cuidado de la piel, mucosas y anejos cutáneos, así como el conocimiento de productos cosméticos y dermatológicos son la razón de ser del farmacéutico comunitario especializado en Dermofarmacia. Las alteraciones cutáneas y los problemas dermatológicos de los pacientes pueden mermar mucho su calidad de vida y bienestar, por ello el empoderamiento y la prevención son pilares fundamentales de nuestra profesión farmacéutica.

Cuando hablamos del paciente sometido a tratamiento oncológico todo ello se multiplica exponencialmente, ya que por una parte la calidad de vida dermatológica del paciente va a redundar en su estado de ánimo y autoestima, y por otra, las alteraciones cutáneas que puede ser sufrir debido a la toxicidad dermatológica de los tratamientos pueden derivar en complicaciones graves que sean las responsables de una falta de adherencia e incumplimiento del tratamiento oncológico, y por tanto un cese del mismo con todo lo que ello supone para el paciente y su entorno.

Indiscutiblemente la eficacia de los tratamientos ha mejorado muchísimo en los últimos años, pero ha sido directamente proporcional a la toxicidad en el órgano en el que habitamos, la piel.

En el caso del paciente afectado por cáncer de mama el abanico de posibilidades de tratamientos es muy amplio; desde la propia cirugía de extirpación del tumor, pasando por la quimioterapia clásica o terapias más novedosas como las terapias dirigidas, hormonales o la inmunoterapia abren un abanico de posibilidades de efectos secundarios a nivel dermatológico que debemos intentar evitar con un cuidado preventivo adecuado y concienzudo y también saber manejar o derivar al especialista correspondiente en caso necesario.
Los tratamientos oncológicos disminuyen la renovación celular y alteran la función barrera cutánea, además de producir todos ellos un aumento en la fotosensibilidad. A una deshidratación inicial, que en un principio puede parecer inofensiva, se le pueden sumar una serie de complicaciones que supongan una verdadera ‘carrera de obstáculos’ para el paciente, y que se pueden suceder de manera aislada o aparecer de forma simultánea, tal como xerosis severa con descamación, que curse con elevado prurito y malestar, grietas y fisuras en pulpejos y extremidades, eritrodisestesia palmoplantar, alteraciones ungueales y onicólisis, erupciones acneiformes, que no se deben confundir nunca con brotes de acné, radiodermitis o mucositis, entre muchas otras… Para prevenir todas estas alteraciones, intentar evitarlas o minimizarlas en el caso de que aparezcan es crucial el inculcar en nuestro paciente unos pilares básicos en el día a día del cuidado de su piel que deberá seguir desde antes de iniciar el tratamiento oncológico, durante el mismo, así como una vez acabado este, ya que muchos de estos efectos secundarios pueden aparecer años después.

La higiene facial y corporal debe ser suave y respetuosa con productos especialmente formulados que no contengan jabones naturales y que se caractericen por un elevado contenido en aceites vegetales. Deben tener pH eudérmico que no produzca una disbiosis en la microbiota cutánea y activos que hagan que del momento de la higiene un primer paso al tratamiento con activos hidratantes, calmantes o reparadores. Se deben realizar duchas cortas, con temperaturas que no sean elevadas, evitando accesorios que puedan dañar la piel y secar a ligeros toques, por contacto. Se deberán evitar exfoliantes físicos y químicos, así como productos depilatorios o productos que contengan alcohol como pueden ser desodorantes y colonias. La higiene capilar también merece mención especial: se debe realizar con champús suaves, que no contengan lauril sulfato sódico, se deben evitar tintes y tratamientos tópicos sin aclarado, así como el uso del secador.

Otro pilar fundamental del cuidado de la piel de estos pacientes es la hidratación y emoliencia, que debe ser diaria y a ser posible tres veces al día; su finalidad es mantener y mejorar la función barrera cutánea desde el primer momento, con lo que estaremos evitando la pérdida de agua transepidérmica y mejorará la hidratación. La aplicación de formulaciones debe hacerse con la piel ligeramente humedecida para favorecer su absorción. Se buscan productos con texturas untuosas de fácil absorción y no comedogénicos. En el caso de estar sometidos a tratamiento de radioterapia además de evitar totalmente la radiación solar en la zona irradiada, no se deben aplicar productos cosméticos cuatro horas antes de la sesión.
El cuidado de manos, pies y uñas merece mención aparte ya que es una de las dianas de la toxicidad dermatológica y dificulta mucho las tareas del día a día del paciente. Hay que hacer hincapié en una higiene suave y antiséptica para evitar sobreinfecciones y complicaciones en pequeñas microheridas. La hidratación y emoliencia, al igual que en el resto del cuerpo debe ser frecuente y constante. Utilizar un calzado un poco más grande de lo habitual, así como calcetines que transpiren es conveniente. En cuanto al cuidado e higiene de la cavidad bucal debemos dar nuestro mejor consejo en cuanto al uso de cepillos suaves que no alteran ni dañen la mucosa; se pautarán pastas dentales con activos hidratantes y calmantes, así como colutorios que no contengan alcohol. El uso de probióticos específicos puede mejorar mucho la microbiota bucal evitando complicaciones.

En cuanto a la fotoprotección como tercer pilar básico hay que tener en cuenta que con los tratamientos oncológicos disminuye la dosis eritematosa mínima con lo cual son muy frecuentes episodios de fotosensibilidad. La regla principal es la fotoevitación y en el caso de no ser posible hay que utilizar prendas físicas que protejan la piel, sobre todo en el caso de zonas irradiadas. Se deben utilizar fotoprotectores formulados especialmente para pieles sensibles, y a ser posible testados en paciente oncológico. No comedogénicos, de amplio espectro y se deben utilizar todo el año e incluso en interiores; aplicar la cantidad suficiente (2 mg/cm2) y no olvidar nunca reponer cada dos horas.

Mención aparte merece el maquillaje correctivo que podemos denominar ‘terapéutico’, ya que va a mejorar la imagen y autoestima de los pacientes, redundando en su calidad de vida. El maquillaje de cejas, pestañas y uñas, así como el disimular imperfecciones y telangiectasias cutáneas supone un cambio muy positivo para el paciente por lo que no debemos escatimar esfuerzos asesorándole en el sentido.

El ocuparnos y preocuparnos por la piel de estos pacientes y por la prevención de todas estas alteraciones, teniendo en cuenta que su piel no es el foco del problema ni el órgano diana del tratamiento, sino que es una piel agredida y dañada, y debemos tratarla como tal o derivarla a la especialista en caso necesario, va a facilitar el día a día de los pacientes que confían en nosotros. El ayudarles, apoyarles y acompañarles en todo el proceso da sentido una vez más a nuestra profesión farmacéutica.

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