DOLOR Y CÁNCER

Hola, soy el Dr. Juan Pablo Schropp, Anestesiólogo y especialista en el tratamiento del dolor crónico. A lo largo de estas líneas veremos cómo enfocamos en nuestros pacientes el tratamiento del dolor provocado por el cáncer, para intentar aclarar conceptos y alejar el temor de muchas personas que asocian el padecer cáncer con sufrir dolor inevitablemente. Esto último, a día de hoy no tiene porqué ser así y estas son algunas de las claves más importantes.

EDUCACIÓN DEL PACIENTE HACIA EL DOLOR:

Existe mucha desinformación acerca del dolor, sus causas, su tratamiento, los fármacos, procedimientos intervencionistas, etc. tanto por parte de los pacientes como también en algunos sectores de la atención sanitaria.

El dolor tiene una función primordial, que es avisarnos que “algo” ocurre y debemos atender a ese potencial problema para intentar solucionarlo. Esto se denomina dolor agudo, aparece rápidamente y tras solucionar el problema que lo originó, simplemente desaparece. En ciertas ocasiones, como ocurre con el cáncer, el dolor aparece para alertarnos que ese “algo” no va bien, pero una vez tratado persiste. Esto provoca una serie de cambios fisiológicos, emocionales y de comportamiento que se conoce como dolor crónico.

Este segundo tipo de dolor denominado “dolor crónico” adquiere estas características cuando tras iniciarse, persiste pasados los 6 meses. Este es un tiempo considerado arbitrariamente, pero sí que se ha visto que la mayoría de los dolores más duraderos suelen resolverse por si solos antes de los 6 meses. También es verdad que suelen ser dolores relacionados con patologías benignas. En el caso de enfermedades degenerativas o asociadas al cáncer es cuando llegan para quedarse, al menos una temporada.

Si bien llegan para quedarse, no significa que tengan que amargarle la existencia a nadie, simplemente debemos aprender a identificarlo, pedir ayuda, tratarlo y convivir con él de la mejor manera posible. En la actualidad, las Unidades del Dolor, se centran en el tratamiento integral del dolor.

El dolor puede además, clasificarse según su causa, en Oncológico (cuando se produce por cáncer) o No Oncológico (cuando son todas las causas distintas a éste).

En estas unidades buscamos identificar, cuantificar y tratar mediante todo el arsenal disponible en la actualidad, el dolor que provoca el cáncer, así como las complicaciones que pueden tener lugar durante esta batalla.

Para conseguir este objetivo disponemos de un sinfín de fármacos muy variados, así como técnicas intervencionistas que nos permiten controlar de forma muy efectiva el dolor provocado por el cáncer.

Para ello son esenciales cada unos de los siguientes pasos:

1- Herramientas de evaluación del dolor: son fundamentales para poder describir las características del dolor y su intensidad. Suelen ser escalas de distintos tipos que nos permiten tomar como referencia un valor inicial antes del tratamiento, comparamos la puntuación que el paciente otorga al dolor tras este, para intentar ser lo más objetivos posibles. Algunos ejemplos de estas son: la escala analógica visual, la escala numérica verbal y la escala de expresiones faciales que utilizamos con los niños y ancianos con dificultades en la comunicación.

2- Combatir el dolor también es combatir el cáncer: debemos hacer que el paciente comprenda que el tratamiento de su dolor no simplemente representa mayor comodidad y calidad de vida (que no es poca cosa), sino también que ello repercute en la recuperación de la enfermedad. El modo de luchar contra la enfermedad muchas veces determina el resultado final de la contienda. Si el paciente no claudica anímicamente por el dolor, su determinación y actitud frente a la enfermedad es más entusiasta mejorando los datos de supervivencia

3- La educación es indispensable: debemos trabajar la idea muy extendida, pero errónea, que los opioides conducen a la adicción y/o provocan efectos secundarios graves inexorablemente. Los opioides son fármacos potentes, muy efectivos y que deben ser prescritos y utilizados con responsabilidad, por parte del médico y del paciente. Son herramientas tremendamente útiles en el tratamiento del dolor provocado por el cáncer. Es nuestra obligación como médicos especialistas la educación de nuestros pacientes para mitigar este temor y enseñarles a utilizarlos, reconocer efectos secundarios comunes, infrecuentes y graves asociados a su consumo. Si el paciente es capaz de conocer todo ello, el control del dolor será óptimo, puesto que los opioides no tienen dosis máxima, sino que se administran hasta que se controle el dolor siempre vigilando la aparición de efectos secundarios. Cabe destacar que esto no es exclusivo a los opioides, este es el modo de proceder con todos los grupos farmacológicos como son los antidepresivos, anticonvulsivantes, antiarrítmicos, anticoagulantes y un muy largo etc.


Tratamiento médico del dolor en el cáncer

El dolor en los pacientes con cáncer debe tratarse de forma rápida y agresiva, esto no implica hacer daño, sino tomar la iniciativa y si es necesario utilizar fármacos potentes como primera herramienta. Esta estrategia permite incluso una mejor exploración y colaboración por parte del paciente, al lograr demostrar que su dolor es controlable y que somos capaces de gestionarlo.
En casi el 90% de los casos el dolor puede controlarse con medicación oral, que suele ser la de elección.

El cáncer puede causar distintos tipos de dolor y en cualquier parte del cuerpo. El dolor se puede clasificar, en términos generales, en somático (si es bien localizado), visceral (si es difuso o de difícil localización) y neuropático (cuando afecta a las estructuras nerviosas y es quemante, eléctrico o lancinante). No todo el dolor del paciente con cáncer tiene su causa en el tumor, a veces pueden aparecer dolores relacionados con otras etiologías distintas a éste.

A la hora de tratar con fármacos el dolor debemos tener en cuenta lo siguiente:

• Adaptar el tipo de fármaco al dolor del paciente concreto a tratar.
• Escoger el/los fármacos apropiados para ese tipo de dolor concreto.
• Ajustar las dosis cuidadosamente según las características del paciente.
• Revisar con frecuencia el tratamiento y ajustarlo cuantas veces sea necesario.

Se ha creado una escalera analgésica propuesta por la Organización Mundial de la Salud (OMS) que consta de 3 escalones o peldaños, pudiendo ingresar en cualquiera de ellos según la intensidad del dolor referida y nos permite movernos entre ellos con total libertad.

1º escalón: analgésicos comunes (aspirina, antiinflamatorios no esteroides “AINES”). Son buenos analgésicos para tratar dolores leves moderados y siempre se pueden combinar con otros escalones.
2º escalón: incluye opioides “menores” (codeína, tramadol, etc.)y coadyuvantes (corticoides, antidepresivos, anticonvulsivantes, etc.). Tened presente que las combinaciones apropiadas de fármacos pueden mejorar el efecto analgésico.
3º escalón: incluye los opioides “potentes o mayores” como es el caso de la morfina, fentanilo, oxicodona, metadona, etc. No existe un opioide mejor que otro, sino que cada uno tiene un perfil diferente, por tanto dependiendo del tipo de dolor optaremos por uno u otro.
También debemos mencionar al grupo de los fármacos “adyuvantes” que suelen proporcionar analgesia extra o simplemente disminuir las dosis de opioides necesarias para controlar al dolor.

Existe otra posibilidad terapéutica que no implica la utilización de fármacos, que son las técnicas intervencionistas de dolor, que consisten en procedimientos mínimamente invasivos para interferir en el origen y/o transmisión del dolor que se suelen realizar en quirófano de forma ambulante con excelentes resultados de control del dolor y duración del efecto analgésico. Entre estas cabe mencionar las infiltraciones epidurales, bloqueos nerviosos, radiofrecuencia de nervios periféricos, implante de bombas de infusión intratecal de fármacos, etc.

Quirófano de la Unidad del Dolor
Hospital HM Sanchinarro, Madrid. España.

La radiofrecuencia es una de nuestras grandes aliadas, ya que mediante su implementación conseguimos mejorar la calidad del bloqueo analgésico y su duración en el tiempo. La radiofrecuencia pulsada es una corriente eléctrica, indolora, que permite “atontar” al nervio, disminuyendo su capacidad para transmitir el dolor, disminuyendo su percepción. La radiofrecuencia continua (o térmica) provoca quemaduras concretas de las estructuras responsables del origen del dolor, denervando o insensibilizándolas. Esto tampoco es doloroso para el paciente ya que se aplica tras administrar anestesia local previamente.

Muchas veces, comenzamos a tratar el dolor mediante estas técnicas, cuando los fármacos están contraindicados por los efectos secundarios que ocasionan en algunos pacientes o si son alérgicos a ellos.

También es importante mencionar que el tratamiento óptimo del dolor se consigue con todo lo anterior, combinado con un enfoque multidisciplinar en el que participe el oncólogo, el especialista del dolor, el psiquiatra/psicólogo, la enfermería e incluso el farmacéutico y trabajador social a nivel extrahospitalario a la hora de aunar esfuerzos e identificar posibles problemas relacionados con el cáncer.

Los cuidados paliativos son aquellas medidas dirigidas a mejorar el dolor y calidad de vida, de los pacientes que se encuentran en fases finales o terminales de la enfermedad por cáncer. Aquí es importante recalcar que el objetivo de las medidas no es la curación de la enfermedad, sino que el tratamiento integral del paciente, para brindar bienestar en los últimos momentos de la enfermedad, la muerte y el sufrimiento a él y a sus familiares. Los cuidados paliativos reafirman la vida pero considera la muerte un proceso normal. No apresura ni pospone la muerte. El éxito se mide por el alivio del sufrimiento, no por el acortamiento o la prolongación de la vida. Proporciona alivio del dolor y otros síntomas e integra el cuidado psicológico y espiritual, utilizando equipos multidisciplinares así como soporte a las familias de los pacientes.

Dr. Juan Pablo Schropp
Anestesiólogo Especialista en Tratamiento Intervencionista del Dolor Crónico en Unidad del Dolor HM SANCHINARRO, Madrid.
HM Hospitales -Anestesista adjunto – ( 2014 – 2018)
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Universidad Complutense de Madrid – Licenciado en medicina · (2005 – 2009)
Especialidad en Anestesiología, Reanimación y Terapéutica del Dolor – (2010-2014)
Universidad de Salamanca – Máster en Anestesia y Analgesia regional guiada por ecografía., Anestesia locorregional ecoguiada (2014)
Universidad Europea Miguel de Cervantes – Título Propio de Máster Universitario de Especialista en el Tratamiento del Dolor (Sociedad Española del Dolor) (2014 – 2016)
Universidad Internacional de La Rioja – Experto Universitario en Ecografía Músculoesquelética, Diagnóstico ecográfico · (2015 – 2016)
Universidad Complutense de Madrid – Título Propio en ACUPUNTURA: Diagnóstico y Tratamiento – (2017 -2018)
Universidad Internacional de La Rioja – Programa de desarrollo profesional de Gestión de Unidades del Dolor (2018 – 2019)
Universidad de Ciudad Real – IV Curso de tratamiento intervencionista en dolor oncológico (2019)

TikTok: @doctorschropp

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