El LINFEDEMA

SOBRE EL LINFEDEMA…

Algo has oído, pero no sabes bien qué es. Te puede a pasar a ti, ¿cómo evitarlo?…

El linfedema puede aparecer como consecuencia de un tratamiento oncológico.
Conocer sus causas es un punto fuerte para evitar que se manifieste.

Nuestro sistema linfático está formado por una red de vasos y capilares que discurren paralelos a nuestro sistema sanguíneo. Hay varios órganos que forman este sistema y los ganglios están entre ellos.

Una de las funciones principales que tiene el sistema linfático es el drenaje de nuestros tejidos.

Como ya sabrás, se produce un intercambio a nivel celular entre la sangre que lleva oxígeno y
nutrientes (arterial) y la que recoge los desechos y el CO2 (venosa). Se estima que un 10% de
este trasiego intercelular no lo pueden recoger nuestras venas, y es el sistema linfático quien se lleva este excedente.

Los ganglios tienen varias funciones, una de ellas es el filtrado.

Varios vasos linfáticos llegan a un ganglio y este filtra todo ese contenido: agua, proteínas,
tóxicos, células en mal estado o potencialmente peligrosas. Después de este filtrado lo que
vuelve a salir del ganglio y se incorpora de nuevo a la circulación linfática ha pasado a ser
alrededor de un 50% menos de lo que le llegó. Por eso puede afectar tanto su extirpación.

Un proceso oncológico puede afectar al sistema linfático obligando a una extirpación ganglionar.

Son muchas las consecuencias que tendría esta extirpación, como el linfedema, que es una
inflamación o edema localizado en una zona del cuerpo próxima a la región donde se ha
realizado la extirpación ganglionar (brazo, pierna, abdomen, cara, genital…) y que se produce
por la acumulación de ese 10% de excedente celular que, al estar seccionado, ya no la puede
transportar.

Por eso, en algunas intervenciones se realiza la técnica del “ganglio centinela”. Es posible que
hayas oído hablar de ella. Se infiltra un contraste justo en el lecho tumoral y se observa su
recorrido. El primer ganglio al que llega -el que se denomina “centinela”– se extrae y se analiza.

Si da positivo se considera que está afectado y es necesario extraer todos los que conforman
esta región ganglionar para evitar el avance del cáncer. Si por el contrario da negativo, se considera que no está afectado y puede evitarse esa extirpación completa y sus consecuencias.

Esta decisión dependerá del criterio de tu oncólogo, en quien debes confiar plenamente.

¿Y cómo sé si me va a pasar a mí?

Realmente no se puede asegurar al 100% si te va a pasar o no. Que el linfedema se manifieste depende de muchos factores.

Primero, de su estado previo.

Es decir, nuestro sistema linfático tiene variaciones anatómicas entre unas personas y otras, y
también es diferente entre un lado del cuerpo y el otro. Si tu sistema linfático era muy
abundante en vasos y capilares antes de la intervención probablemente podrá derivar por otros caminos toda la linfa que recoja haciendo “un puente” que evite la zona donde se han quitado los ganglios.

Sabemos que nuestro sistema linfático tiene conexiones a otros niveles antes de llegar a los
ganglios: con sus propios vasos más profundos e incluso alguna con el sistema venoso a través
de pequeños capilares. Lo que pasa es que no podemos saber con antelación si ese es tu caso o no.

Después, de la envergadura de la propia intervención. No es lo mismo para tu sistema linfático
que te hayan extraído 3 ganglios que 15. Se estima que hay un 30% de probabilidades de tener
linfedema si la extracción ha sido completa. Si solo ha sido el ganglio centinela el porcentaje baja a un 4%. Pero sigue habiendo algo de riesgo. Si en la misma zona se ha aplicado radioterapia, el porcentaje aumenta a un 40%. Si has sido tratado con radioterapia habrás notado que tu piel y tu musculatura no están igual que antes. La notas “más pegada”, más dura, como si se hubiera encogido, tirante…

Esto también afecta a tu tejido linfático en esa zona.

Si ha habido cirugía, el tejido de la cicatriz también puede influir en la aparición del linfedema.La cicatriz no sólo es la línea que ves en la piel, piensa que en planos más profundos han retirado tejido y este también ha cicatrizado. Es muy importante tratar esta cicatriz para que la piel y el tejido profundo sean lo más parecido a lo que eran antes y sea homogéneo en relación al resto del tejido que tiene alrededor. Si no es así, podría limitar la movilidad en esa zona o extremidad, lo que incrementa el riesgo de padecer linfedema.

Mantenerte activo es importante para limitar el riesgo de aparición del linfedema. Hace unos
años se desaconsejaba cualquier ejercicio o esfuerzo, como cargar de peso con el brazo
afectado. Ahora hay estudios que demuestran que el ejercicio dirigido y progresivo, incluso el
de fuerza (no sólo “enroscar la bombilla” y “subir la escalera” con los dedos por la pared) es
beneficioso para nuestro estado general, para reducir las recaídas e incluso para el estado del
linfedema.

¿Se puede hacer algo más para prevenirlo? ¿Cómo me cuido si ya ha aparecido?

La respuesta a estas dos cuestiones es muy parecida.
Hay que tener tres cosas claras y entonces todo cobra sentido.

Primero.

Evitar en la medida de lo posible cualquier herida en la zona afectada (la más próxima a los ganglios extirpados) tanto si el linfedema se ha manifestado ya o no. ¿Por qué? Si ya ha dado síntomas, el linfedema es el lugar ideal para que cualquier bacteria que pase por allí desee quedarse a vivir, se reproduzca y crezca rápidamente. Está calentita, tiene mucha comida y los policías que tiene que mandar el sistema linfático (nuestras defensas) van a tardar mucho en llegar.

Aquí caben heridas de todo tipo: al arreglarnos las uñas, depilarnos, con el roce de un zapato,
quemaduras, en la cocina, en el jardín, el arañazo de una mascota, tras ponerte una vacuna, al
realizar una extracción de sangre. Cuando la piel está muy seca o aparecen eccemas que nos
rascamos, grietas entre los dedos de pies o manos y no hay que olvidar tampoco las picaduras
de mosquitos y otros insectos…

¿Y si la herida ha sido inevitable? Bueno, estas cosas pasan. Lo primero y más importante es
desinfectar, cubrir la herida y extremar los cuidados hasta que se cure. Hay que observar si la
piel enrojece o si se pone dura y caliente, si tenemos malestar o fiebre, cansancio extremo, etc.

En ese caso hay que ir al médico enseguida ya que puede ser necesario el tratamiento con
antibióticos.

¿Y si aún no tengo linfedema?
Puede ser el desencadenante y no sólo por el riesgo de infección.

Para curar esa herida en tu cuerpo se produce una respuesta inflamatoria local que puede ser la gota que colma el vaso de tu sistema linfático en la zona. No olvides proteger tu zona de riesgo (brazo, mano, pierna…), llevar un repelente de insectos encima por si se te hace tarde por ahí tepuede librar de un susto.

Segundo.

Evitar la compresión de nuestro sistema linfático. Es lógico. Puede que tu sistema linfático haya encontrado ese “puente” para seguir funcionando y que al comprimirlo no le dejemos utilizarlo. Esto puede desencadenar el linfedema o empeorarlo si ya se ha manifestado. Esta compresión incluye prendas de vestir (ropa interior,
calcetines o medias, cinturones…) joyas, relojes, pulseras o incluso la que se ejerce cuando se
hace una toma de tensión o al cruzar las piernas cuando estás sentado…

Tercero.

Evitar un aumento en la extravasación sanguínea.

¿Qué quiere decir esto? Pues que tenemos que evitar que ese 10% de desechos venosos que tus vasos sanguíneos no pueden recoger se convierta en un 15% o un 20%. Si te han quitado ganglios, el tejido está cicatrizado o endurecido (fibrosado), el sistema linfático estará pasando apuros para ocuparse de ese 10%, así que todavía será más difícil si aumentamos esa carga.

¿Qué puede aumentar esta extravasación?. Sobre todo, el calor. ¿Has notado cómo se hinchan
manos y pies con el calor?. Imagínate si el sistema linfático no funciona al 100% en esa zona. Y
hablamos del calor en cualquiera de sus formas: calor en el ambiente, aguas calientes, sol…

Además de proteger tu piel de la radiación solar, hay que proteger esa zona del calor directo.

No sirve tapar con una toalla y estar al sol. Hay que ponerse a la sombra y en un ambiente fresco.

Evitar también cosas que puedan subir nuestra tensión. Si haces deporte evita el calor en verano, si ya tienes linfedema hazlo siempre con tus prendas a medida y después del ejercicio es recomendable la ducha, secar bien la piel, hidratarla y o bien volver a colocar una prenda de compresión a medida que esté seca y limpia o colocar un vendaje.

El ejercicio es muy recomendable, pero tienes que tomar estas precauciones. Recuerda mantener tu piel limpia, hidratada y seca, y ante cualquier cambio consulta a un especialista en linfedema. A veces antes de que aparezca un cambio de volumen significativo se tienen sensaciones, como que notas un brazo (el intervenido) y el otro no, o que te cuesta mover más el tobillo o la rodilla del lado operado, o notas más pesadez.

No lo dejes pasar. Cuanto antes comiences a cuidarte mejor será tu evolución. Siempre es bueno tener un “Fisioterapeuta de cabecera” especializado en este tratamiento, te enseñará a cuidarte y te ayudará en los momentos que necesites una reducción de volumen o un tratamiento antes de confeccionar una prenda a medida.

Espero haberte ayudado a resolver algunas dudas.
Un abrazo.

Mª del Mar Ruiz Labairu
Fisioterapeuta especializada en el tratamiento del linfedema, primario y secundario.
Fisioterapia oncológica después del cáncer de mama y uroginecológico.
Centro Sinu Fisioterapia de Zaragoza.
www.sinufisioterapia.es
@sinufisioterapia.es


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