¿MATERNIDAD TRÁS UN CÁNCER?, SÍ SE PUEDE!

Cuando me diagnosticaron el cáncer de mama, con 36 años, uno de los golpes más duros llegó al darme cuenta del alcance que tendría sobre mi deseo de ser madre. El hecho de que estuviéramos buscando un embarazo en el momento del diagnóstico hacía que el tema estuviera incluso más presente.

Tenía algunas cosas muy claras, con respecto al cáncer. Sabía que no quería que transformara mi vida, mis relaciones, mi día a día o la forma en que me veían los demás. Para mi, el cáncer era una inesperada piedra en el camino a la que había que hacer frente, pero a la que no daría más poder del que inicialmente tenía.

El cáncer también era una oportunidad para explorar esas partes de mi que había dejado más olvidadas, por infinidad de motivos. Así, el cáncer me permitió levantar el pie del acelerador de mi día a día de autoimpuesta “superwoman” para dedicar tiempo a la mujer que no necesitaba ser súper, sino que simplemente era, y es.

Acabé los tratamientos de quimioterapia, radioterapia y cirugía con 37 años, edad considerable para buscar un bebé. Además, el tratamiento hormonal que me habían pautado durante al menos 5 años, el famoso Tamoxifeno, era incompatible con un embarazo.

En este contexto, la maternidad se presentaba complicada. Antes de comenzar la quimioterapia me habían congelado tejido ovárico que podríamos utilizar una vez acabado el tratamiento, aunque la técnica, en aquella época aún experimental, no ofrecía porcentajes de resultados demasiado esperanzadores.

¿Qué hacer? ¿Qué sueño perseguir? La maternidad no era una llamada indispensable en mi vida o algo que le daría sentido, porque mi vida ya era satisfactoria en sí misma. Pero sí es cierto que tener un hijo formaba parte de nuestro proyecto como pareja, y no era algo a lo que fuera a renunciar fácilmente, sin considerar diferentes opciones.

Mi primera decisión consistió en renunciar al tratamiento con tamoxifeno, de forma muy consciente. No he sido ni la primera ni la última mujer que lo ha hecho. Tenía mis razones y aceptaba las posibles consecuencias que pudieran surgir de esta decisión. Creo firmemente en el derecho y la capacidad que tenemos como pacientes (y como personas que somos) para decidir y elegir el rumbo de nuestra vida. Eso sí, e insisto, siempre de forma consciente y responsable.

La siguiente decisión, fue buscar un embarazo. El camino no fue fácil. Por un lado, la sociedad no estaba aún preparada para ello. Oí comentarios crueles, del tipo: “¿Vas a traer un hijo al mundo para dejarlo huérfano? ¿Cómo puedes ser tan egoísta?”. Algunas personas no entendían que un cáncer de mama no era una sentencia de muerte, y que una vez superado, las mujeres seguimos teniendo derecho a hacer realidad nuestros sueños y anhelos, viviendo y esperando de la vida lo mismo que una persona que no haya pasado por esta experiencia.

Por otro lado, con 38 años ya, el reloj biológico iba dejando su huella.

Encontré a un equipo de médicos maravilloso, que me apoyó y me acompañó durante esta etapa: un ginecólogo experto en fertilidad, otro experto en patología mamaria e incluso mi oncólogo, que tenía una sensibilidad especial hacia el tema. Gracias a nuestro trabajo conjunto, en enero de 2014 nació mi hijo Pol.

Con el embarazo, mi mirada dejó de centrarse en mi salud y en mis cuidados para centrarse en los del pequeño. La vida cobró una dimensión inesperada y colocó al cáncer en un segundo o tercer plano, el lugar que de hecho le correspondía.

El nacimiento de Pol fue un punto de inflexión en mi vida. Pol trajo consigo la felicidad de una nueva etapa, y el deseo de ayudar a otras mujeres en una situación como la mía para que no abandonaran su deseo de maternidad tras un cáncer de mama.

Un año después de nacer Pol, y a partir de un encuentro casual con una chica joven que había tenido cáncer, fui consciente de la importancia de hacer algo real para acercar la maternidad a las mujeres que han superado un cáncer. Casi sin pensarlo, fui a ver a mi equipo de médicos y les propuse crear una asociación para acompañar a estas mujeres a lo largo del proceso. Así nació Baby Beatles (https://babybeatles.org), la primera y única organización sin ánimo de lucro a nivel mundial que ayuda a las mujeres a ser madres tras un cáncer de mama. Desde la organización ofrecemos ayuda económica en algunos casos, resolvemos dudas, acompañamos y damos opciones. Porque aún hay muchos lugares y muchos médicos que ven la maternidad y el cáncer de mama como incompatibles. No lo son.

Todo este proceso comenzó hace casi diez años. Ahora, por suerte, se ha avanzado un poco y existe más sensibilidad hacia el tema de la maternidad tras un cáncer de mama. Un estudio clínico a nivel mundial llamado POSITIVE (http://www.gruposolti.org/es_ES/investigacion/-/research/POSITIVE), acompaña a mujeres que deseen interrumpir el tamoxifeno para buscar un embarazo (si quieres más información, envíame un mail). También existe un protocolo que se ha extendido ya a muchos hospitales, gracias al cual se congelan los ovocitos de las mujeres antes de comenzar con los tratamientos, dando así más opciones a una posterior maternidad.

Ser madre tras un cáncer no es fácil. Te plantea dudas, miedos, inseguridades. Pero eso no tiene por qué convertirlo en algo imposible. Los miedos muchas veces nos impiden volar y ser las personas que realmente somos. Al final, dependerá de nosotras en gran medida crear la vida que queremos vivir.

Teresa Ferreiro

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Twitter: @teresa_ferreiro


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