UN CÁNCER QUE VINO POR TELÉFONO Y…

Un cáncer que vino por teléfono y … se fue y quedó élla y el amor para siempre

Me lo dijeron por teléfono. Es evidente que no resulta la mejor manera de recibir una noticia como ésta. Un cáncer, me dijeron. Me explicaron más cosas: tipo, tamaño, localización, tratamiento. Y cuando, lo conté me fue imposible explicar nada más que me habían dicho que élla, que mi amor tenía un cáncer. Del resto me era imposible decir algo más del conjunto de cosas que me había dicho el ginecólogo.

Esa tarde nos íbamos de viaje a Vitoria, la conferencia allí era sobre sida. Y tenía pendiente decirle a mi amor que me habían dicho que tenía un cáncer.

Después de la conferencia, paseamos, hablamos, estuvimos en silencio, nos pusimos tristes, lloramos y buscamos cómo sería mejor actuar ante las condiciones que nos venía encima.

En ese momento no vivíamos juntos. Nos queríamos a tope. Y sin duda, a partir ese momento de la aparición del cáncer de endometrio, esa palabra trágica, nos unió para siempre.

Los días posteriores fueron tristes y bonitos. La visita al médico amigo para que nos contara más detalles, la conversación de ella con el Gine comentando los detalles familiares que marcarían los próximos días, la decisión de buscar quien sería el profesional que haría la intervención, la primera conversación con él, su tacto en preguntarnos qué sabíamos, que nos habían contado, la manera que busco un lugar donde poder hablar con más calma, donde la empatía creciera y donde pudiéramos fortalecer la confianza que teníamos en él a pesar de no conocerle.

Recuerdo el día de la intervención, las entradas y salidas de y al quirófano, las explicaciones pormenorizadas de él sobre lo que habían hecho en vivo y en directo, mis explicaciones para tranquilizar a sus hermanas y sus padres, esa noche juntos en reanimación, dándonos la mano, las explicaciones consiguientes a todos los que preguntaban, el contacto con el ginecólogo que la intervino, la bajada a planta, las visitas, la vuelta a casa de su madre, las visitas de seguimiento, los nervios cuando era día de control, la tranquilidad tras los resultados que nos decía.

Y así nos juntamos, empezamos a vivir juntos, seguimos trabajando, nos seguimos queriendo (seguramente más) y fuimos construyendo un mundo diferente a partir de dar los mejores pasos con seguridad.

Y eso nos llevó a adoptar tres niños gitanos, después de ir de Bucarest, a Paris, de Paris a Málaga y de Málaga a Granada para hacer los cursos de viernes tarde que teníamos que hacer para que nos dieran la idoneidad.

Y mientras tanto, los controles eran un conjunto de nervios y tensión. Suerte que nos veía Carmen, enfermera, la calidez y calidad, primero. Y luego, Salomon, el ginecólogo, que con suavidad y ternura, profesionalidad y buena comunicación nos devolvía la tranquilidad hasta ese próximo punto de contacto que se iba alejando en fecha en fecha.

Y los niños vinieron. Primero los conocimos. Y seguimos las visitas de control, todas buenas. Y llegaron a casa. No fue fácil. No lo es. Avanzamos día a día. Y conseguimos éxitos tras días de sensación de fracaso. Y estuvimos a punto de tirar la toalla.

Y conseguimos olvidar esos malos ratos que ahora cuento y que nunca había contado.

Gracias Salomon. Gracias Miguel Ángel. Gracias Carmen. Gracias Paco. Gracias Vane. Gracias Mar. Gracias Belén. Gracias Teresa. Gracias María José. Gracias a todos los que nos ayudaron a trabajar ante una historia que nos vino encima y que supimos sacar adelante con el apoyo de todos y todas. Gracias Tinet. Gracias Maria.

Gracias Pin por todo. Gracias Pin por tanto. Gracias Pin por siempre.

Y mis lecciones aprendidas:

1. La importancia de la comunicación tu a tu, en persona y más para comunicar una mala noticia
2. La seguridad que aporta ser una persona que sabe comunicar, que te pregunta antes de decir, que te escucha desde el respeto y el afecto, que te dice después de haber escuchado
3. La serenidad de aguantar los momentos malos con tranquilidad, sin obsesionarse por las citas de continuidad, viéndolas con normalidad y estando cerca, cerca de quien más lo necesita
4. El valor de la cercanía y el amor ante una situación difícil, donde te pasan cosas complicadas por la cabeza y cuando necesitas alguien a tu lado que esté y te dé paz
5. Suavidad y ternura, profesionalidad y buena comunicación son 4 claves para sentirse mejor en un entorno donde la palabra Cáncer resuena fuertemente en nuestros oídos

Joan Carles March


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