¿Qué necesita esta piel? Una lectura desde la farmacia comunitaria del consenso 2026 entre oncología y dermatología.
Hace unos meses, María José entró en la farmacia buscando una crema hidratante.
Llevaba un pañuelo en la cabeza y no tenía cejas.
Yo no sabía exactamente qué tratamiento estaba recibiendo aunque ella me habló de quimioterapia. Después de varias sesiones, tenía prevista una intervención quirúrgica.
En estas situaciones, preguntar requiere tacto. Pero conocer el contexto es importante para poder recomendar con criterio.
Conocer qué tratamiento recibe, qué cambios ha notado en la piel o cuándo comenzaron puede marcar la diferencia entre anticiparnos a una posible toxicidad con medidas preventivas o reconocer que esa persona necesita valoración médica.
Detrás de un «estoy con quimioterapia» puede haber tratamientos muy diferentes y, con ellos, también toxicidades cutáneas distintas.
No se trata de buscar una crema «para pacientes oncológicos», sino de comprender qué le está ocurriendo a esa piel para saber qué puede aportar realmente un producto dermofarmacéutico y cuándo deja de ser suficiente.
Partiendo de esta premisa busqué bibliografía que me ayudara a comprender mejor lo que ocurre en la piel durante un tratamiento oncológico y encontré un documento muy útil: el Consenso SEOM-AEDV 2026.
El objetivo de este artículo no es hacer un estudio exhaustivo sobre oncología ni sobre todos los efectos adversos de sus tratamientos. Es entender el origen de algunas toxicidades cutáneas para reconocerlas, prevenirlas cuando sea posible y saber qué podemos aportar desde la farmacia.
TRATAMIENTOS CONTRA EL CÁNCER QUE NO SON QUIMIOTERAPIA
«Estoy con quimioterapia» es una expresión frecuente, pero no siempre significa que el paciente esté recibiendo quimioterapia convencional.
Hoy día conviven diferentes modalidades de tratamiento: quimioterapia, radioterapia, terapias dirigidas e inmunoterapia, y sus efectos sobre la piel no son iguales.
El consenso SEOM-AEDV se centra en las terapias dirigidas, los conjugados anticuerpo-fármaco y la inmunoterapia. Para este repaso práctico, nos centraremos en tres grupos que ayudan a entender distintos patrones de toxicidad cutánea.

POR QUÉ ESTOS TRATAMIENTOS AFECTAN TAMBIÉN A LA PIEL
A partir de este mapa terapéutico veamos qué consecuencias pueden tener estas terapias sobre la piel.
Fármacos anti-EGFR: alteración del equilibrio de la epidermis.
EGFR es un receptor implicado en la proliferación, diferenciación y supervivencia celular. En algunos tumores esta vía está sobreactivada y favorece su crecimiento; por eso, los tratamientos anti-EGFR intentan bloquear esa señal.
El receptor EGFR no solo está presente en células tumorales. También se expresa en estructuras cutáneas sanas, como los queratinocitos basales, el folículo piloso y las glándulas sebáceas.
Al inhibir esta vía, se altera la renovación de la epidermis, la función barrera y el entorno folicular.
Las manifestaciones son: erupción papulopustulosa, xerosis, descamación, fisuras y paroniquia.
La erupción papulopustulosa puede recordar al acné porque aparece principalmente en zonas seborreicas, como la cara, el cuero cabelludo y la parte superior del tronco. Pero no es un acné clásico: no presenta comedones y está relacionada con una inflamación folicular.
Con el tiempo, estas lesiones pueden disminuir y dar paso a una piel más seca, descamativa o incluso eccematosa. La inhibición de EGFR interfiere en la maduración de los queratinocitos y en la síntesis de lípidos intercelulares. Como resultado, la barrera cutánea se vuelve menos eficaz y aumenta la pérdida transepidérmica de agua.
Fármacos antiangiogénicos: cuando se altera la reparación cutánea.
Los fármacos antiangiogénicos bloquean señales implicadas en la formación de nuevos vasos sanguíneos, una vía que el tumor utiliza para recibir oxígeno y nutrientes. Sin embargo, la angiogénesis también participa en procesos de la reparación de los tejidos.
En los TKI antiangiogénicos o multiquinasa, el consenso SEOM-AEDV describe daño microvascular, estrés dérmico y activación de vías citotóxicas en los queratinocitos.
Estos mecanismos ayudan a entender la reacción cutánea mano-pie, que afecta especialmente a palmas, plantas y zonas sometidas a presión o roce y puede evolucionar hacia lesiones dolorosas e hiperqueratósicas.
Inhibidores de puntos de control inmunitario: cuando la respuesta inmunitaria pierde parte de sus frenos.
Con los inhibidores de puntos de control inmunitario, anti-PD-1, anti-PD-L1 y anti-CTLA-4, el escenario es distinto. Estos fármacos no atacan directamente a la célula tumoral, sino que inhiben mecanismos naturales de autocontrol que frenan la actividad de los linfocitos T.
Ese bloqueo permite una respuesta inmunitaria antitumoral más activa, pero también puede alterar la tolerancia frente a tejidos propios como la piel. En la piel, esto se traduce en manifestaciones mucho más heterogéneas.
El consenso SEOM-AEDV señala tres mecanismos principales: activación mantenida de linfocitos T frente a autoantígenos, aumento de citocinas proinflamatorias (IL-6 e IFN-γ) y disminución de linfocitos T reguladores, esenciales para contener la respuesta inmunitaria.
Por eso, las manifestaciones cutáneas pueden ser muy variadas: prurito, dermatitis eccematosa, exantema maculopapular, psoriasis o empeoramiento de una psoriasis previa, erupciones liquenoides, vitíligo o enfermedades ampollosas, entre otras.

QUÉ PODEMOS HACER DESDE LA FARMACIA
En personas tratadas con terapias dirigidas que pueden provocar xerosis, el consenso recomienda utilizar desde el inicio del tratamiento emolientes con urea al 5–10 %, ácido láctico o ceramidas.
En cuanto a la higiene diaria, propone evitar los jabones agresivos, los baños prolongados y las temperaturas extremas.
Aquí el objetivo es mantener la función barrera, reducir la pérdida transepidérmica de agua y prevenir que la xerosis progrese hacia fisuras o eccematización.
La erupción papulopustulosa asociada a los anti-EGFR puede empeorar con la exposición solar. Por eso, la fotoprotección con FPS >30 también forma parte de las medidas preventivas..
Si hablamos de una reacción cutánea mano-pie, la estrategia es diferente. Antes de iniciar el tratamiento se aconseja eliminar los helomas y las zonas de hiperqueratosis preexistentes y reducir al máximo la presión y la fricción. Durante el tratamiento conviene evitar el agua caliente y el calzado ajustado.
Cuando aparecen lesiones de grado 1, además del cuidado emoliente, el consenso contempla el uso de queratolíticos como urea al 20–40 % o ácido salicílico al 6 %.
Por eso, no tiene sentido recomendar una misma concentración de urea a cualquier paciente oncológico. Importan la concentración, el momento y, sobre todo, para qué la estamos utilizando.
Algo parecido ocurre con el prurito o las lesiones eccematosas durante una inmunoterapia.
La hidratación y una higiene suave pueden formar parte de nuestra recomendación desde el mostrador, pero no deberíamos asumir que estamos simplemente ante una piel seca. Estas manifestaciones pueden formar parte de una reacción inmunomediada y, según su extensión y gravedad, requerir diagnóstico y tratamiento farmacológico específicos.
En definitiva, más que buscar una crema «para pacientes oncológicos», deberíamos preguntarnos:
¿Qué necesita esta piel en este momento?
Mantener la barrera, reducir la xerosis, controlar una hiperqueratosis, protegerse de la radiación solar o disminuir nuevas agresiones.
Y hay un límite que también debemos saber reconocer: cuándo el cuidado desde la farmacia deja de ser suficiente y el paciente necesita valoración médica.
¿Cuándo debemos derivar?
El consenso SEOM-AEDV recomienda priorizar la valoración dermatológica cuando las lesiones no responden al tratamiento inicial, presentan una evolución atípica o existen dudas sobre el diagnóstico. También recomienda hacerlo cuando hay una enfermedad dermatológica previa, como psoriasis, dermatitis atópica o una enfermedad ampollosa, que pueda complicar el tratamiento oncológico, o cuando sea necesario un estudio dermatológico más específico.
En el mostrador, esto significa prestar atención no solo al aspecto de la lesión, sino también a su evolución, sus síntomas y el impacto que está teniendo sobre la vida del paciente.
Una lesión que progresa rápidamente, se vuelve muy dolorosa, limita las actividades cotidianas, presenta signos de infección o no mejora con las medidas recomendadas merece valoración médica. Lo mismo ocurre ante ulceraciones cuya evolución no sea la esperada.
Y si aparecen ampollas, afectación de mucosas, erosiones extensas o desprendimiento de la piel, especialmente si se acompañan de síntomas generales, la valoración debe ser urgente.
Desde la farmacia no necesitamos poner nombre a todas las toxicidades, pero sí debemos reconocer cuándo lo que tenemos delante ya no es un problema que pueda resolverse únicamente con medidas de autocuidado.
Por eso, creo que parte del conocimiento que recoge este consenso también resulta útil para la farmacia comunitaria.
El consenso SEOM-AEDV insiste en la necesidad de un abordaje multidisciplinar y en la importancia de la educación sanitaria preventiva. Aunque dedica una atención especial a la colaboración entre oncología y dermatología, desde la farmacia comunitaria podemos sumar otra pieza a ese cuidado.
Nuestro papel empieza muchas veces con una conversación: preguntar qué tratamiento recibe el paciente, qué cambios ha notado y cuándo comenzaron.
A veces será el propio paciente quien acuda buscando una crema para aliviar un síntoma, como hizo María José. En otras ocasiones, seremos nosotros quienes detectemos una necesidad que todavía no había identificado.
En ambos casos, informar, recomendar, reconocer nuestros límites y derivar cuando sea necesario forma parte de nuestra responsabilidad profesional. Detectar y abordar precozmente estas toxicidades puede contribuir no solo a aliviar sus síntomas, sino también a evitar modificaciones o interrupciones innecesarias del tratamiento oncológico.
A veces, la recomendación más útil no empieza eligiendo una crema, sino haciendo las preguntas adecuadas. Porque preguntar ayuda, pero saber interpretar las respuestas es lo que nos permite recomendar con criterio.
Fuente consultada:
Majem M, Molina Mata K, Mayor Ibarguren A, et al. Diagnosis and treatment of cutaneous adverse effects of targeted therapy, antibody–drug conjugates, and immunotherapy in cancer patients: a national consensus statement by the Spanish Society of Medical Oncology and the Spanish Academy of Dermatology and Venereology. Clin Transl Oncol. 2026;28:2603–2624. doi:10.1007/s12094-025-04209-0.
Carmen Javaloyes del Río
Farmacéutica adjunta.
Máster en Bioética
Máster en Cosmética y Dermofarmacia

