La cicatriz que también hay que cuidar:
dermocosmética tras
la cirugía de cáncer de mama
Cada octubre, con motivo del Día Mundial contra el Cáncer de Mama, hablamos mucho de
detección precoz, de autoexploración, de mamografías. Y hacemos bien: salva vidas. Pero hay
una parte del camino de la que se habla menos, y que muchas mujeres viven en silencio, casi
en soledad: lo que pasa con su piel después de la cirugía. Con la cicatriz que queda, con lo que
significa mirarla cada mañana, con las dudas de si eso que sienten al mover el brazo es normal
o no.
En la farmacia lo vemos a menudo. Pacientes que ya han pasado por quirófano, que tienen el
alta médica, y que llegan al mostrador con una pregunta que parece pequeña pero no lo es:
“¿puedo ponerme algo en la cicatriz?”. Y detrás de esa pregunta hay mucho más que estética.
Hay dolor, hay tirantez, hay miedo a hacerlo mal, y hay, sobre todo, ganas de recuperar algo
de control sobre su propio cuerpo después de meses en los que las decisiones las han tomado
otros.
Lo que pasa en la piel después de una mastectomía
La piel tarda en cicatrizar más de lo que solemos pensar. El proceso pasa por varias etapas:
primero el cuerpo limpia y protege la herida, después fabrica tejido nuevo para cerrarla, y por
último —y esto es lo que casi nadie explica— entra en una fase de remodelación que puede
alargarse doce, incluso dieciocho meses. Durante todo ese tiempo la cicatriz sigue cambiando:
se ablanda, se aclara, gana elasticidad. O no, si no se cuida.
Y en el caso del cáncer de mama, esta cicatrización tiene sus propias particularidades. La
radioterapia deja la piel de la zona más fina, más seca, más sensible. La quimioterapia puede
ralentizar todo el proceso de reparación. Y hay un factor mecánico que se olvida con
frecuencia: el propio peso del pecho, la tensión de un implante o de un expansor, o la cicatriz
añadida de un colgajo de piel propia cuando la reconstrucción se hace con tejido de la espalda
o del abdomen.
Todo esto hace que estas cicatrices tengan más papeletas para complicarse: pueden
engrosarse y formar un queloide, sobre todo si ha habido radioterapia; suelen quedar más
secas y frágiles de lo habitual; pueden generar adherencias, esas zonas donde la piel se queda
“pegada” por dentro y tira cada vez que se levanta el brazo; y se oscurecen con facilidad si se
exponen al sol sin protección, algo que muchas pacientes no saben hasta que ya es tarde.
Cuándo empezar y qué merece la pena hacer
Lo primero, siempre, es esperar el visto bueno del cirujano o la cirujana antes de tocar la
cicatriz con nada. Mientras la piel sigue cerrando, lo único que tiene sentido es una limpieza
suave, sin frotar, y mantener bien hidratada la piel de alrededor con cremas sin perfume ni
alcohol.
A partir de ahí —normalmente entre la segunda y la cuarta semana, según el criterio médico—
empieza la parte donde de verdad se puede marcar la diferencia. Y aquí conviene ser honesta
con lo que dice la evidencia, ni más ni menos.
La silicona, en gel o en lámina, sigue siendo el gran clásico, y por algo será: los principales
consensos de expertos en manejo de cicatrices la sitúan como primera opción para prevenir
hipertrofias y queloides. Ahora bien, si se revisan los estudios con lupa, la cosa se matiza: hay
revisiones que encuentran beneficio claro, pero una revisión Cochrane —de las más exigentes
que existen en investigación clínica— señala que esa evidencia todavía es débil, por las
limitaciones de los ensayos disponibles. ¿Significa eso que no sirve? No. Significa que hay que
recomendarla sin venderla como milagro: funciona mejor cuanta más constancia se le pone,
así que lo razonable es usarla un mínimo de doce horas al día durante ocho o doce semanas,
y no rendirse a la tercera semana si no se ven cambios espectaculares.
El masaje de cicatriz, en cambio, es de esas cosas que casi nadie explica en el hospital y que
cambia la experiencia de muchas pacientes. Una revisión reciente que analizó veintiséis
estudios con más de mil quinientas mujeres mastectomizadas encontró que el masaje mejora
la flexibilidad de la zona, reduce la hinchazón y mejora la calidad de vida, sin apenas riesgos,
con beneficios medibles en el movimiento del hombro y en la reducción del linfedema del
brazo. La técnica no tiene ningún misterio: presión circular y deslizante sobre la cicatriz ya
cerrada, sin signos de inflamación, cinco o diez minutos, una o dos veces al día. Parece poco,
pero a muchas pacientes les cambia por completo cómo sienten el brazo.
Otros ingredientes —extracto de cebolla, centella asiática, alantoína, ácido hialurónico—
pueden sumar como complemento, siempre comprobando antes que la piel los tolera bien.
No sustituyen a la silicona ni al masaje, pero ayudan al confort y a la hidratación general de la
zona.
El paso que casi todo el mundo se salta: el sol
Si hay un consejo que se olvida sistemáticamente, es este. Una cicatriz reciente —de menos
de dieciocho meses— es muchísimo más sensible al sol que la piel normal, y exponerla sin
protección puede dejar una marca oscura permanente y afectar a cómo madura el colágeno
por debajo. La recomendación es clara: fotoprotector de amplio espectro, SPF 30 como
mínimo, durante los doce a dieciocho meses posteriores a la cirugía, incluso con ropa fina de
por medio, que deja pasar más radiación de la que parece. No es solo por estética: también
reduce el riesgo de problemas cutáneos a largo plazo en esa zona. Desde la farmacia, lo ideal
es acompañar esta recomendación con una textura pensada para pieles sensibles o
postquirúrgicas, mineral y sin perfume, y repetirla las veces que haga falta, porque es de los
mensajes que menos calan.
Cuándo hay reconstrucción de por medio
Si la cirugía ha incluido reconstrucción, hay un par de matices más. Cuando se usa tejido propio
—de la espalda o del abdomen, por ejemplo— existe una segunda cicatriz, en la zona donante,
que necesita exactamente los mismos cuidados que la del pecho, aunque a veces se olvida
porque toda la atención se centra en la mama. Y es frecuente que la sensibilidad de la piel
reconstruida no sea la misma que antes, así que conviene avisar a la paciente de que revise la
zona a la vista, no solo por cómo la nota, porque puede haber irritación o sequedad que no
llegue a sentir del todo.
Cuándo hay que parar y derivar
El cuidado cosmético tiene un límite, y conviene tenerlo muy presente. Si aparece calor,
enrojecimiento intenso, supuración o fiebre; si el dolor va a más o cambia de forma brusca; si
hay sospecha de que se está acumulando líquido o sangre bajo la piel; o si un queloide sigue
creciendo pese al tratamiento en casa, no toca insistir con cremas: toca derivar sin esperar.
Por qué esto también es cosa de farmacia
No hace falta reinventar nada: basta con escuchar bien y explicar con calma. Enseñar el masaje
paso a paso, insistir en la fotoprotección más allá del verano, o simplemente decirle a una
paciente que lo que siente es normal y que forma parte de la recuperación, tiene un peso real
en cómo vive todo este proceso. Muchas llegan a la farmacia con preguntas que no han tenido
tiempo —o confianza— de hacer en la consulta. Y ese momento, atendido con conocimiento
y sin prisa, también es parte del cuidado oncológico. Este octubre, hablemos también de esto.
Referencias
Tsai CH, et al. Review of Silicone Gel Sheeting and Silicone Gel for the Prevention of Hypertrophic Scars and
Keloids. Wounds. Disponible en: hmpgloballearningnetwork.com/site/wounds/tsai
Tsai CH, et al. Review of Silicone Gel Sheeting and Silicone Gel for the Prevention of Hypertrophic Scars and
Keloids. PubMed. Disponible en: pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/28570253/
Jiang Q, Chen J, Tian F, Liu Z. Silicone gel sheeting for treating hypertrophic scars. Cochrane Database of
Systematic Reviews. 2021;9(9):CD013357. DOI: 10.1002/14651858.CD013357.pub2
Mansilla JR, Díaz AS, Sánchez BG, Ramírez-Durán MDV, Ardila EMG, Sánchez MDCC, Palomares MJ. Effects of
Massage Therapy in Breast Cancer Survivors with Mastectomy: Systematic Review. Cancers. 2025;17(12):2023.
DOI: 10.3390/cancers17122023
Update on Postsurgical Scar Management. PMC-NIH. Disponible en:
pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC4961501/
ROSA CATALINA ORTIZ TOLOSA

