FOTOPROTECCIÓN ACTIVA EN EL PACIENTE ONCOLÓGICO

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Fotoprotección activa en el paciente oncológico.

El abordaje integral del paciente oncológico ha experimentado una importante evolución en los últimos años. El éxito terapéutico no solo se mide en términos de supervivencia, si no también en los valores de calidad de vida del paciente.

La piel es uno de los órganos que recibe mayor impacto y toxicidad debido a las distintas terapias oncológicas: quimioterapia, radioterapia, inmunoterapia y fármacos dirigidos.

La recomendación de protección solar hasta hace unos años estaba más bien destinada a evitar la quemadura. Gracias al trabajo de los últimos, desde el punto de vista de salud pública, la fotoprotección activa en cualquier persona y, especialmente en el paciente oncológico, se ha convertido en una intervención terapéutica de primer orden. Es fundamental para evitar la interrupción de tratamientos contra en cáncer, reducir la toxicidad cutánea severa y prevenir la aparición de neoplasias secundarias en una piel metabólicamente vulnerable.

¿Por qué la piel oncológica en diferente?

La piel del paciente oncológico no es solo una piel sensible, es una piel que tiene los mecanismos de defensa muy comprometidos. Principales características que la diferencian:

• Alteración del sistema inmunológico cutáneo: las células de Langerhans, que son los centinelas inmunológicos situados en la epidermis y están encargadas de detectar y destruir las células dañadas, tienen su población y eficacia mermada, tanto por la radiación como por tratamientos sistémicos de la terapia. Por tanto, esta inmunosupresión local deja una vía libre al daño celular sin reparar.
• Pérdida de función barrera: los tratamientos, como la quimioterapia, frenan la renovación de los queratinocitos. Esto provoca una epidermis más fina y con deshidratación. El estrato córneo dañado pierde capacidad de protección y la radiación solar es capaz de penetrar a capas más profundas del tejido.
• Fotosensibilidad medicamentosa: muchos de los fármacos antineoplásicos actúan como fotosensibilizantes. Algunos muy comunes en quimioterapia como el 5-fluoroulacilo o el metotrexato o, las terapias dirigidas como los inhibidores de EGFR que bloquean el receptor del factor de crecimiento epidérmico o los de BRAF que bloquean la proteína mutada BRAF, son capaces de absorber la radiación ultravioleta y desencadenar reacciones fotoquímicas. Esto se traduce en quemaduras solares graves ante exposición mínimas que en condiciones normales serían inocuas.

Más allá de la radiación UVB:

Durante mucho tiempo (hasta hace nada realmente), el protector solar se centraba en la protección frente a la radiación UVB que es la responsable directa del eritema visible. Pero, con los conocimientos actuales, es clave que la cobertura para una protección activa sea frente al espectro total de la radiación:

Radiación UVB: actúa sobre la epidermis, la capa más superficial de la piel. Causa enrojecimiento, inflamación y quemadura. Es la más enérgica y su intensidad es mayor en verano. No atraviesa los cristales.
Es un factor de riesgo en el melanoma porque puede provocar daño en el ADN celular, daño que se acumula y puede acabar generando la aparición de células tumorales. Además, genera radicales libres y favorece la inmunosupresión.

Radiación UVA: actúa sobre la dermis. Es menos enérgica que la UVB, pero penetra más profundamente en la piel. Supone el 90% de la radiación ultravioleta que llega. Es una radiación estable y constante durante todo el año, capaz de atravesar cristales y nubes.
Rompe las fibras de colágeno y elastina y estimula la melanina. Gran capacidad de generar radicales libres que se traduce en estrés oxidativo y daño en el ADN celular.

Luz visible (HEV): es la responsable de que veamos y de que podamos identificar distintos colores. Es capaz de penetrar profundamente, llegando en un alto porcentaje a la dermis y hasta en un 20% a la hipodermis. Potencia el efecto del resto de radiaciones.
Además, dentro del espectro visible encontramos la luz azul, también emitida por las pantallas, que puede hacer que las manchas persistan.

Radiación Infrarroja A (IR-A): es gran parte de la radiación que nos llega desde el sol. Actúa sobre la dermis y la hipodermis. Es capaz de atravesar las nubes y los cristales y es la responsable de la sensación de calor.
Causa enrojecimiento en la piel y puede generar un estrés térmico que causa la liberación de radicales libres. Contribuye junto al resto de radiaciones a la ruptura de las fibras de colágeno y elastina.

¿Qué buscar y qué evitar en un fotoprotector?

Es muy importante a la hora de elegir un protector solar en estos casos, seguir el consejo del médico o del farmacéutico porque va a poder guiar al paciente a elegir el protector más seguro y compatible.

Es clave elegir un protector solar de amplio espectro, que proteja frente a las distintas radiaciones.
Una textura adecuada va a asegurar una continuidad en su uso: hay que tener en cuenta que el paciente oncológico tiende a sufrir xerosis, una sequedad extrema en la piel, pero también puede presentar brotes acneiformes según los fármacos que esté utilizando en el tratamiento. Por tanto, buscar texturas que se adapten a la piel y que sean no comedogénicas es un punto a tener en cuenta.

Evitar perfumes, alcoholes, alergenos comunes para evitar el riesgo por dermatitis de contacto en una piel ya de por si sensibilizada e inflamada.

¿Filtros físicos o químicos?

Aquí viene uno de los grandes dilemas o dudas frecuentes.

Basándonos en la tolerancia en la piel, es mejor elegir un protector solar con filtros físicos o minerales.
Los filtros minerales (Dióxido de Titanio y Óxido de Zinc) actúan en un 85-95% absorbiendo la radiación y transformándola y solo en un 5% aproximadamente reflejando esa radiación. Ojo, la creencia (mito) de que los filtros minerales no absorben y reflejan toda la radiación sigue muy extendida!

El extra en la Fotoprotección:

Los protectores solares actuales combinan los filtros para tener un mayor espectro de protección y además los combinan con otros ingredientes interesantes en este caso:

• Antioxidantes: neutralizan los radicales libres que se generan con la radiación. Se suelen incorporar activos como la vitamina E, la niacinamida, la vitamina C estabilizada o extractos ricos en polifenoles (como Polypodium leucotomos o el té verde).
• Reparadores de la función barrera: como las ceramidas o como la niacinamida (que también tiene acción antiinflamatoria), mejoran el estado y cuidan la función barrera manteniendo la hidratación.
• Enzimas reparadoras del ADN: fotoliasas o endonucleasas. Quizás, los ingredientes más novedosos en este caso que, encapsuladas en liposomas son capaces de penetrar y detectar los dímeros de timina (daños en el ADN) y repararlos antes de que sea irreversible.

Prevención: la Regla del ABCDE:

No puedo terminar este artículo sin hablar de la regla ABCDE, una herramienta práctica y visual para el cribado. El paciente oncológico que ha recibido radioterapia o inmunoterapia presenta un riesgo alterado de sufrir segundas neoplasias cutáneas (como carcinoma basocelular, espinocelular o melanoma).

La regla ABCDE es un protocolo de autoexploración sencillo que debe promoverse para la observación de lunares:

• A de Asimetría: Si se traza una línea imaginaria por la mitad del lunar o lesión, las dos mitades no son iguales en forma.
• B de Bordes: Los bordes de la lesión son irregulares, dentados, borrosos o mal definidos, en lugar de ser redondos y nítidos.
• C de Color: La lesión presenta un color no uniforme. Puede incluir sombras de marrón o negro, o incluso manchas rosadas, rojas, azules o blancas.
• D de Diámetro: El tamaño de la mancha o lunar es mayor de 6 milímetros (aproximadamente el tamaño de la goma de borrar de un lápiz), aunque los melanomas a veces pueden ser más pequeños.
• E de Evolución: Este es el factor más crítico. Cualquier cambio en el tamaño, forma, color o relieve de un lunar en las últimas semanas o meses, o la aparición de síntomas nuevos como picor, dolor o sangrado, requiere consulta dermatológica urgente.

Pautas de aplicación del protector solar:

La eficacia de un excelente fotoprotector se reduce a cero si la pauta de aplicación es incorrecta. Hay que recalcar siempre:

1. La cantidad es innegociable: Para garantizar el factor de protección (SPF) indicado en el envase, se debe aplicar la cantidad suficiente de protector, se puede seguir para hacerse a una idea, la regla de los dos dedos para rostro, cuello y orejas. Aplicar menos cantidad reduce la protección de forma exponencial.
2. La regla de los 365 días: El sol no descansa en invierno ni en días nublados. La radiación UVA atraviesa la atmósfera de forma homogénea durante todo el año y sigue agrediendo la piel del paciente en su rutina diaria.
3. La ventana de la radioterapia: En pacientes bajo tratamiento radioterápico, la zona diana sufre una quemadura controlada (radiodermitis). Nunca se debe aplicar fotoprotector justo antes de la sesión para evitar el efecto «pantalla» o interacciones con el haz de radiación. Se debe aplicar inmediatamente después del tratamiento o al salir a la calle, priorizando siempre la protección textil (Fotoevitación).
4. Reaplicación estricta: La capacidad de los filtros para absorber la radiación disminuye con las horas. Es obligatorio reaplicar el producto cada dos horas de exposición continua, o tras sudar o secarse con una toalla.

Conclusiones:
La Fotoprotección activa en el paciente oncológico no es solo una cuestión cosmética, es un eslabón fundamental en el cuidado clínico integral. Debe ser una responsabilidad multidisciplinar del equipo sanitario saber aconsejar y guiar en la correcta fotoprotección y prevención.

Autora:
Jana Martín: Soy farmacéutica comunitaria experta en dermocosmética y formulación, trabajo como farmacéutica adjunta.

Me encanta mi trabajo, estudié por vocación y seguir aprendiendo constantemente es para mí fundamental para seguir creciendo y poder ofrecer siempre mis mejores consejos. Por eso, siempre que me ofrecen participar en un proyecto tan interesante como Farmaweek es para mí un honor y una oportunidad de seguir creciendo y aprendiendo con grandes compañeros y profesionales.

Me encanta la dermo, es una de mis pasiones, por eso me especialicé y sigo constantemente formándome, ampliando conocimientos y atenta a las últimas novedades.

Comparto y divulgo información farmacéutica y dermocosmética en mi perfil de Instagram, fomentando una información fiable, de calidad y con experiencia y formación en las redes sociales. Es una de las mejores formas de estar en contacto con más público y poder llegar a más gente. Además, realizo dermoasesorías y rutinas personalizadas.

Ya he participado en otras ocasiones como ponente en Farmaweek y es siempre una experiencia súper enriquecedora y, un honor que este año vuelvan a contar conmigo.

También me gustan otros aspectos como la nutrición, la fitoterapia y mejorar el consejo farmacéutico.

Entiendo mi profesión como un cuidado global de la salud y un constante aprendizaje.

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