BENEFICIOS DEL DEPORTE EN EL CÁNCER DE MAMA

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BENEFICIOS DEL DEPORTE EN EL CÁNCER DE MAMA
Gracia Fernández-Bravo Sauco
Farmacéutica y divulgadora de salud.

El cáncer de mama es una enfermedad de la glándula mamaria que ocurre cuando las células crecen y se multiplican de forma anormal. Como resultado, crecen descontroladamente y forman el tumor. Es el cáncer más frecuente en mujeres, aunque también puede afectar a hombres.

Es un proceso multifactorial pero la evidencia científica avala que hay una relación beneficiosa entre la realización de actividad física y la disminución del riesgo de padecer ciertos tumores.

La realización de ejercicio físico moderado, de forma continuada en nuestra vida diaria nos ayudará no solo a reducir el riesgo de cáncer sino el de muchas otras patologías crónicas como la diabetes o enfermedades cardíacas.

Así, a lo largo de los años son muchos los estudios que han demostrado que las mujeres que practican deporte durante una media de 3 o más horas a la semana tienen entre un 30% y un 40% menos de riesgo de padecer cáncer de mama.

De hecho, algunos estudios muestran que cuanto mayor es el nivel de ejercicio realizado, menor es el riesgo de ser diagnosticada con cáncer de mama, a pesar de cuales sean los antecedentes familiares que envuelvan a la persona.

Pero una pregunta que muchas mujeres se hacen, es la siguiente:

¿En qué medida puede ayudar el ejercicio físico a mi cáncer de mama?

Las células tumorales tienen una alta demanda energética, así que van a desarrollar mayor riqueza de capilares que permitirán un mayor aporte de oxígeno y sustrato para contribuir a su desarrollo. A su vez, las células del interior de la masa tumoral viven en un ambiente de baja disponibilidad de oxígeno y pueden soportar estas condiciones mucho mejor que las células sanas. Estas dos características, hacen que las células tumorales ganen la batalla frente a las células de su alrededor.

Cuando realizamos ejercicio físico, conseguimos estimular las células sanas tanto para trabajar con un gran aporte de oxígeno y nutrientes como para estar en un ambiente de aporte inadecuado de recursos. De este modo, optimizamos tanto el metabolismo aeróbico como el metabolismo anaeróbico de estas células. Estas adaptaciones de los tejidos harán que las células sanas sean capaces de sobrevivir bien en situaciones más desfavorables y van a poder competir con las células tumorales que necesitarán más generaciones para triunfar frente a las células sanas.

Estudios científicos avalan la práctica de ejercicio físico tras el diagnóstico resultando en una mejora de la capacidad funcional de las pacientes y en una disminución de la percepción de fatiga. Otros estudios, también destacan el efecto beneficioso que tienen las actividades físicas dirigidas por profesionales y aquellas actividades mixtas en las que se combinan distintos tipos de ejercicio como podrían ser ejercicios aeróbicos y de fuerza. Se ha visto que este tipo de ejercicio es más efectivo y tiene mayor beneficio para el cuerpo y un mejor impacto en el curso de la enfermedad.

En un estudio de 2021 publicado en el Journal of the National Cancer Institute se agruparon las pacientes según si habían realizado deporte antes del diagnóstico de cáncer de mama o no. Las pacientes se agruparon según si habían hecho ejercicio recreativo o ejercicio a la intensidad definida por las guías. En el caso del grupo que realizó el ejercicio según las guías, se vio que las pacientes que habían hecho ejercicio antes del diagnóstico y seguían haciéndolo 2 años después, reducían el riesgo de recaída y también mejoraban su tasa de supervivencia global. A su vez, también se observó que las pacientes que no habían realizado ejercicio físico previo al diagnóstico pero que sí que lo realizaron con intensidad adecuada a los dos años de seguimiento, también se podían beneficiar de esta práctica.

Todos estos resultados reafirman el hecho de que realizar ejercicio físico previo al diagnóstico tiene un papel preventivo y que realizar ejercicio durante el tratamiento también tiene un efecto beneficioso. Igualmente, también es importante destacar que introducir la actividad física durante el tratamiento pese a no haber realizado deporte previo al diagnóstico también tiene efectos beneficiosos para la paciente, como aliviar los efectos secundarios del tratamiento como son la fatiga, el dolor, la depresión y el linfedema.

Mediante investigaciones recientes se ha demostrado que el ejercicio tiene tantos beneficios para las personas diagnosticadas con cáncer de mama que, en 2022, la Sociedad Estadounidense de Oncología Clínica aconsejó a los médicos que recomendaran la práctica regular de ejercicios aeróbicos y de resistencia a las personas que recibieran tratamiento para el cáncer. De hecho, muchos médicos opinan que debería ser una parte fundamental de cualquier plan de prevención y tratamiento del cáncer de mama. Algunos han empezado a hablar del “ejercicio como medicina”.

TIPOS DE EJERCICIOS:

Aeróbicos (Cardio): Caminatas rápidas (30-45 min), bicicleta estática o natación para mejorar la capacidad funcional y el estado de ánimo.
Fortalecimiento (Fuerza): Uso de pesas ligeras, bandas elásticas o el propio peso corporal (sentadillas, flexiones suaves) para combatir la pérdida de masa muscular.

Movilidad y Flexibilidad:
o Hombros y Brazos: Caminar con los dedos por la pared, rotaciones de hombros, y ejercicios con bastón para recuperar el rango de movimiento.
o Estiramientos: Yoga o estiramientos dorsales y pectorales para reducir la rigidez, especialmente tras radioterapia.

Respiración: Ejercicios de respiración profunda para la relajación.

RECOMENDACIONES IMPORTANTES:

Durante el tratamiento:
• Realizar hasta 150 minutos de actividad moderada o 75 minutos de actividad vigorosa por semana.
• Incluir entrenamiento de resistencia al menos dos días a la semana.
• Ser constante y tener una adherencia a la realización de actividad física.
• La intensidad del ejercicio tiene que ser suficiente para estimular el organismo. Se considera un ejercicio de intensidad moderada aquel ejercicio que provoca un poco de dificultad para mantener una conversación normal.
• Mantenerse bien hidratado y estirar bien los músculos, conseguiremos evitar los calambres musculares tras la práctica de ejercicio físico.
• Es muy importante que durante y después del tratamiento se realice el ejercicio físico que aconsejen el equipo médico de oncología e individualizar el entrenamiento.
Para mujeres recién operadas:
• En estos casos, si no se ha realizado mastectomía, lleva sujetador o top deportivo que refuerce la zona y, en cualquiera de los casos, evita piscinas para que la piel de la zona no se irrite. Realiza también ejercicios de tonificación y de resistencia, en función de la intervención.
Para mujeres recién reconstruidas:
• Realiza siempre deporte sujetando bien la zona con sujetador o top deportivo. Sin embargo, recomendamos que dejes pasar un par de meses antes de volver a la práctica deportiva.

Sesión de ejercicios:

Calentamiento:

– Movimientos articulares amplios de todo el cuerpo. Sin rebotes.
– Ejercicios suaves de marcha

Ejercicio:
-Aeróbico: caminar, correr, bicicleta, natación, elíptica, bailes, aerobic, zumba, ejercicios con cambios de intensidad.
-Tonificación o resistencia: de tronco, brazos, piernas, con resistencias adecuadas, cintas elásticas, autocargas (el propio peso).

Vuelta a la calma:
-Enfriamiento (similar al calentamiento) y estiramientos (de cadenas musculares).

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