La farmacia comunitaria. Algo más que dispensar y aconsejar al paciente oncológico.
Desde hace años venimos observando como desde las farmacias comunitarias se
hacen múltiples campañas para la prevención, detección precoz y gestión de diferentes
tipos de cáncer. Además también se acompaña al paciente oncológico, para que
entienda mucho mejor todo lo referente a su tratamiento y enfermedad.
Por todo esto, desde la farmacia comunitaria se puede ayudar a conocer los diferentes
tipos de tratamientos oncológicos, ayudando al paciente a conocer e identificar los
posibles efectos adversos, así como ayudar a mejorar la calidad de vida tratando estos
efectos secundarios e intentar aliviarlos en la medida de lo posible. Así vemos como
cada vez más farmacias ofrecen asesoramiento frente a los cambios que se producen en
la piel, la pérdida del cabello, cambios en el apetito, úlceras en las mucosas, etc.
Y todo esto está muy bien y es muy importante, y que además, como sabemos, todo
esto es algo que se viene realizando en multitud de farmacias repartidas por toda
nuestra geografía. Pero debido a mi experiencia como farmacéutico, creo que en
ocasiones este consejo farmacéutico, se puede llegar a quedar corto.
Pero quiero dejar claro que, este punto al que me refiero, depende más del paciente
que del farmacéutico, ya que no todos los pacientes se enfrentan de la misma manera
al cáncer. Por eso, hablo de mi experiencia desde la farmacia rural, hablo desde un
punto de vista propio y no siempre realizable en todas las farmacias, pero sí que creo
que es importante darle valor, para en la medida de lo posible poder entender otras
opciones de asesoramiento, apoyo y acompañamiento desde la farmacia comunitaria.
Teniendo en cuenta que hay pacientes y familiares que sufren desde el silencio, y no se
sienten cómodos hablando de la enfermedad, ni de sus consecuencias. Otros que sufren,
y para aliviar ese sufrimiento te quieren contar todo lo que hacen en su día a día. He
tenido pacientes que se avergonzaban de usar ostomías, y venían a última hora a la
farmacia para que nadie les viese con sus cajas. Otros en cambio hablaban y visibilizaban
su enfermedad y sus consecuencias.
Por eso es importante saber qué tipo de paciente oncológico tenemos en frente, ya que
no todos están dispuestos a hablar, ni a recibir consejo. Y creo que esto puede llegar a
ocurrir, debido a la falta de privacidad que en ocasiones pude haber en el mostrador de
la oficina de farmacia. En mi experiencia, hay pacientes que cuando están al comienzo
del tratamiento, no quieren que se sepa, no quieren que nadie les vea llevar o hablar de
algo referente a su enfermedad.
Y por desgracia, ocurre en estos momentos, cuando sus miedos son mayores, cuando
aún no entienden lo que eles está pasando, ni lo que les va a pasar. Es cuando más
necesitan el apoyo y el acompañamiento, es cuando desde el mostrador podemos
advertir esa miedo y esa vergüenza, e intentar apartarnos y dedicarle un poco más de
tiempo. Intentar crear un espacio aún más seguro para ese paciente, para esa persona
frágil que necesita calmar sus miedos, necesita explicar cómo se siente, necesita que le
cuenten las cosas como son, para saber a lo que se va a tener que enfrentar en un futuro
próximo.
Y es por esto por lo que en muchas ocasiones he defendido, que desde la oficina de
farmacia, o desde otros espacios sanitarios, no se lleve estas conversaciones con un
lenguaje bélico, de lucha y de pelea, contra el cáncer. Ya que podemos llegar a dar a
entender un mensaje equivocado, un mensaje con el que muchos pacientes oncológicos
cargan, y no es otro que pensar que la evolución de la enfermedad y que el tratamiento
sea efectivo depende de “su lucha” y de cómo afronta estos momentos de tratamiento.
Momentos de fragilidad personal, en los que no sabe si se le va a caer el pelo, si va a
poder seguir comiendo como hasta ahora, y en los que sus miedos son mayores que las
ganas de seguir hacia delante. Por eso, es ahí cuando el farmacéutico debe agrandar su
figura humana y personal, sin perder la faceta profesional, y poder acercarse más al
paciente (siempre que este sea receptivo) debe dedicarle un tiempo esencial para
calmar, explicar, razonar y sobre todo acompañar a un paciente que hasta ese momento
no había necesitado nada similar.
Porque el paciente tiene a su disposición a los oncólogos, los médicos de cabecera, los
especialistas, las enfermeras, y demás personal sanitario, y aunque nosotros, los
farmacéuticos, no seamos los mayores especialistas en el cáncer, si somos los
profesionales sanitarios que están más cerca del paciente. Os hablo desde la experiencia
de tener al hospital más cercano entre 90 y 180 km de distancia, donde la farmacia era
el primer punto después de una visita al hospital, para solicitar la nueva medicación,
hablar de lo que le habían retirado, o simplemente querían decirte como estaban.
Los farmacéuticos estamos muy repartidos por la geografía española, hay más de 20000
farmacias, donde más del 60% de todas estas se encuentran en municipios, llegando al
25% en municipios de menos de 1000 habitantes. Y por eso considero oportuno contar
mi experiencia, hasta donde podemos llegar en relación al paciente oncológico, explicar
que hay otros sitios y lugares donde se hacen las cosas con otro ritmo, con otra visión,
y que esta puede ayudar a un paciente oncológico a llevar con una mejor calidad de vida,
su enfermedad y su tratamiento. No se trata de sustituir a ningún profesional, ni de
forzar a un paciente, sino simplemente de estar ahí, para que cuando nos necesiten
estemos preparados.
Un Saludo
Miguel Cabello de Alba Garcia.
Farmacéutico rural