ENTREVISTA A UNA PACIENTE CON CÁNCER DE MAMA

Cuando mi compañero Ishoo me escribió para decirme si quería participar en la campaña del cáncer de mama de este año de la revista con un artículo no me lo pensé…estuve pensando sobre el tema qué podría hacer el artículo y de repente se me ocurrió que una de las mejores maneras que podía ayudar sería con un testimonio real de una superviviente de un cáncer de mama.

Desgraciadamente tengo a muchas personas cercanas que han padecido esta enfermedad (ya que tengo primas y tías que lo han padecido o lo están padeciendo actualmente) pero sobre todo pensé en una amiga y mami del cole que, aunque cuando padeció la enfermedad no teníamos tanto contacto como ahora, si he visto cómo llevó el proceso y la vitalidad que tiene actualmente y sabía que cuando se lo propusiera ella no iba a decir que no por su cercanía, su amabilidad y su gran corazón.

Ella aceptó encantada mi propuesta y me ha hecho llegar las respuestas al guion que le mandé…una entrevista que no ha sido nada fácil porque le ha hecho recordar muchos momentos malos vividos pero que muchas de las/os lectoras/es y yo le estaremos siempre agradecida.

ENTREVISTA

PRESENTACION
Mi nombre es Esther… actualmente tengo 44 años, soy empresaria y madre de 3 criaturas. Hace 5 años y medio me diagnosticaron cáncer de mama, entonces tenía 38 años y mis hijos eran demasiado pequeños, los mellizos tenían dos años y medio y el mayor cuatro años.

¿CÓMO EMPEZÓ TODO?
El diagnóstico fue el 28 de Enero de 2016.

¿QUÉ TE NOTASTE?
Yo como rutina me hacía mis ecografías y mamografía cada año; ese año mi revisión tocaba en diciembre y pensé “lo dejo para enero, para que no me pille en plenas Navidades”. Y así lo hice.
En esas semanas estuve una tarde con una amiga íntima de mi cuñada a quien le habían detectado un cáncer de mama meses atrás y estaba justo en la fase de tratamiento; ese hecho me impresionó bastante ya que era una chica muy joven y provocó en mi un poco de miedo que me llevó a palparme mis pechos ese mismo día mientras me duchaba. No sé si fue buena o mala suerte, pero el caso es que en esa autoexploración me encontré un pequeño bultito en la mama izquierda.

Era duro y del tamaño de un garbanzo pequeño, y para que voy a mentir fue la primera vez que me asusté, ya que había algo en mi interior me decía que algo no iba bien.
Al momento escribí en un grupo de amigas que tenemos en whatsapp en el que algunas de ellas eran visitadoras médicas en el área de ginecología, les conté lo sucedido y a través de ellas logré adelantar unos días mi cita.

Llegó el día de hacerme la ecografía, y cuando la radióloga terminó de hacérmela me dijo que había que punzar el bultito. Nunca olvidaré el momento cuando salí de la consulta, la enfermera cuando me acompañó a la puerta a despedirme me agarró el brazo y me dijo: “mucha suerte y mucha fuerza”, como sabiendo la odisea que vendrían meses futuros.
Regresé al día siguiente a que me punzaran ya con el miedo metido en mi cabeza, a pesar de que siempre había sido y soy muy positiva.
Los días posteriores a la punción se iban eternizando a la espera de los resultados. Me dijeron que si todo iba bien no me llamarían, con lo que sería buena señal y a las dos semanas me los daría la ginecóloga en la cita que tenía cerrada con ella.
Pero todo cambió cuando a los 6 días recibí una llamada de hospital Quirón diciéndome que me adelantaban la cita con mi ginecóloga. Mi marido que tenía buena relación con ella, le escribió para ver si era normal y si todo iba bien, a lo que ella le respondió que estuviéramos tranquilos que no pasaba nada.
Cuando llegó el día de la consulta con ella, estaba muy nerviosa sin saber realmente porque se había adelantado la cita. Nada más entrar en la consulta, y vimos la cara de la ginecóloga, sabíamos que algo iba mal, la ginecóloga con su cara y con una simple frase no dio el mazazo: “Esther, tienes cáncer de mama”. Mi marido y yo nos derrumbamos y tratamos de mantenernos enteros para seguir escuchándola, pero a partir de ahí ni tan siquiera mi marido que es farmacéutico lograba entender de qué iba la cosa: “Es un carcinoma ductal infiltrante. Y hay una buena y una mala noticia. La buena es que el tamaño es pequeño y quizás no haya afectado a los ganglios. Y la mala es que es un triple negativo, que suele ser más agresivo y para el que actualmente no hay terapia dirigida”.

LOS MIEDOS TRAS EL DIAGNÓSTICO
Cuando me dieron la noticia se me vino el mundo encima, en décimas de segundo se te pasa de todo por la cabeza, lo primero que relacionas cáncer= muerte. Algo que es un error que te hace mucho daño, pero tu subconsciente te traiciona y te lleva de la mano hacia ese miedo abismal.
Cuando salí de la consulta tenía varias llamadas de mi familia, pero no tenía fuerzas de hablar y de compartir con mi voz aquella mala noticia. Así que tiré por el camino más sencillo y envié un whatsapp contando lo que había pasado y que cuando tuviera fuerza los llamaría. Ahora lo pienso, e imagino aquel jarro de agua fría para mis padres y mis hermanos. Pero sin duda, este acontecimiento mi hizo ver lo grande de mi familia ya que todos se unieron y desde el primer día me apoyaron en todo.
En los siguientes días no podía parar de llorar y de pensar en mis hijos y en qué sería de ellos sin mí, apenas había podido disfrutar casi nada de ellos ni ellos de mí, era demasiado joven para morir, tenía muchos sueños aún por cumplir, muchos viajes, muchas ferias…no dejaba de pensar que mis padres no podrían superar algo así.
Por suerte mis hijos eran muy pequeños y no recuerdan mucho, aunque el mayor que no llegaba a 5 años si se dio cuenta de todo y aún a día de hoy me sigue haciendo preguntas sobre el cáncer y sobre si me voy a volver a quedar otra vez calva. Sin duda, la pérdida de mi pelo fue lo que más recuerda y una de las cosas que más daño me hizo a nivel personal.

¿CÓMO FUE EL TRATAMIENTO?
El tratamiento fue duro y largo, mi sensación llegó a ser que el tiempo no pasaba. Necesité de un tratamiento adyuvante tras la cirugía, y a pesar de no tener afectación ganglionar, la oncóloga decidió abordarlo agresivamente con 12 sesiones de quimio y 25 de radio.
Tocaba aceptar la realidad y estar fuerte para soporta la maratón de sesiones y los efectos secundarios de la quimioterapia, ya que para el triple negativo no había terapias dirigidas y se usaba un tratamiento bastante agresivo y duro para mi cuerpo.
A la primera sesión vino mi padre, pero no lo superó y nunca más me acompañó, al resto de sesiones me acompañaban o mi marido cuando no viajaba o mi madre.
Realmente empecé con fuerza y con mucha positividad mental, pero una cosa es la mente y la otra es tu cuerpo, y siento decir mi cuerpo comenzó a sufrir demasiado pronto las consecuencias de la quimioterapia.
Lo primero fue mi pelo. Yo tenía por aquel entonces una buena melena y me la fui cortando en varias veces, hasta el día que decidí renunciar de golpe y raparme al cero, como si me fuera a la mili. Los primeros días fueron durísimos, y siempre trataba evitar que la gente me viera, pero luego ya hice que lo vieran como algo natural, y vi la naturalidad y el humor de cómo se lo tomaba mi entorno que incluso bromeaban con la peluca que una amiga me había prestado a la que le pusieron de nombre María.
Lo segundo fueron mis venas, las cuales no aguantaron mucho, y a la tercera sesión ya no aceptaban que ninguna aguja se clavase en ellas, así que me plantearon ponerme un reservorio puesto que quedan muchísimas sesiones.
Pero sin duda dentro de la pesadilla en la que se convertían los días posteriores a las sesiones, una de las partes más bonitas y emocionantes de este duro proceso fue el personal sanitario, siempre tan dispuesto, siempre con una sonrisa en la cara, siempre mostrándome un enorme tacto y cariño, siempre intentando hacer de esos duros momento un momento agradable. Sin duda en esos meses los sentí como si fueran parte de mi familia.
Pero como antes contaba con el paso de las sesiones, mi parte física se fue derrumbando. Estar calva fue lo peor que llevé incluso me surge la duda de si el proceso de un cáncer en una persona joven se llevaría de otra forma si no tuviera ese efecto secundario. Quizás lo duro no era mirarme al espejo, sino muchas situaciones que vivía cuando salía a la calle con un carro gemelar con los dos mellizos y con un niño pequeño al lado, percibía como la gente me miraba con pena allá por dónde iba.
También eran duras las mañanas cuando me miraba al espejo y me veía la piel de color gris, unas ojeras tremendas y sin pelo. Por ello lo primero que hacía era pintarme como si saliera de fiesta y así me veía más guapa, eso me ayudaba bastante a sacar lo mejor para sentirme un poco más guapa.
Pero también los efectos secundarios fueron aumentando y vi como cada sesión que avanzaba me quitaba un trozo de vida, era como si a los dos días de cada sesión algo me robaba toda mi energía, tenía una sensación de tener el cuerpo griposo de manera constante hasta tal punto de llegar a hablar con mi oncóloga en las últimas sesiones para pedirle que me bajara las dosis porque no podría aguantar las últimas sesiones. Sin duda, las últimas sesiones se me hicieron muy cuesta arriba.

CONCLUSIONES

Fueron 6 meses muy duros que pasaron más lentos de lo normal y que realmente fueron meses donde por los efectos secundarios del tratamiento me sentía enferma. Tras finalizar las sesiones de radio, poco a poco mi cuerpo fue volviendo a recuperar la energía y la vitalidad.
Cada nueva semana era un soplo de energía, pero quizás justo el momento donde mentalmente me vine abajo como si mi mente me hubiera hecho más fuerte para soportar tantas sesiones y se hubiera relajado. Tuve momentos de bajón que según los oncólogos es algo habitual al terminar el proceso.
Tras estas semanas donde titubeaba entre querer recuperar mi vida de nuevo y los bajones mentales, comenzaba una nueva etapa de este proceso que son las primeras revisiones con mi oncóloga y el cirujano, y con ello nuevas pruebas (analíticas, resonancias, ecografías,…), y con ello regresaron los miedos. En estos años ha sido clave saber convivir con las revisiones y con los miedos que surgen tras cada una de ellas.
Pero cuando te quieres dar cuenta la vida sigue, aunque está claro que tú has cambiado sobre todo en cuanto a la visión de la vida y en cuanto a relativizar más las cosas y en ver lo que es importante de verdad.
Una de las consecuencias fue que conseguí dejar de fumar gracias a que retomé con más fuerza que nunca la práctica de deporte. Ese hecho me llevo a llevar una vida más sana y sin duda el deporte ha sido un descubrimiento para mi estado emocional, y ahora es el ratito que me dedico a mí que antes no lo encontraba.
Mi consejo para otras mujeres u hombres que le hayan diagnosticado esta enfermedad no es fácil, y es que sean positivos y tengan una actitud positiva. Para ello es importante aceptar cuanto antes lo que ha sucedido, y también el no comparar “¿por qué a mí?”. Tras ello, comparar con que a pesar de todo siempre hay algo peor aún como que le hubiera ocurrido a alguno de tus hijos.
También hay que dejar que el cuerpo fluya y exprese, y si el cuerpo te pide unas horas de tristeza que se lo permitas y lo aceptes de manera consciente, eso sí tratando de que no se convierta en tu estado natural de ánimo, porque un estado de ánimo constructivo te dará muchas más energías para afrontar las diferentes etapas del proceso y te ayudará mucho con tu entorno.

Pues a mí, después de este gran testimonio, que me ha puesto los pelos de punta y saltado las lágrimas, no me queda más que volver a agradecer a Esther su generosidad por compartir su vivencia, sus miedos, el duro proceso del tratamiento, y lo bueno que se saca de toda experiencia traumática como esta…y estoy segura que ayudará a mucha gente con ello.
Como profesional sanitaria si os pediría que no olvidéis nunca de las revisiones anuales pertinentes y sobre todo la autoexploración ya que con ello podemos detectar primeros estadios del tumor y evitar casos más graves.
Y que pidáis opinión a vuestro/a farmacéutico/a de confianza ya que podemos ayudaros tanto en los primeros momentos de incertidumbre como apoyaros profesional y personalmente en el proceso del tratamiento.

Firmado:
Loli Caro Vergara – farmacéutica adjunta en Fcia. María Auxiliadora (Sevilla).

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