PREVENCIÓN, PROTECCIÓN, Y EFICACIA EN EL CUIDADO DE LA PIEL DEL PACIENTE ONCOLÓGICO.

#EnLaPielQueHabitas

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Blanca Llácer @bllacerochoa
Titular en @farmaciablancallacer
Fundadora y CEO de THE LAB @thelab_blancallacer

Si algo tengo claro a día de hoy es que el farmacéutico comunitario, como profesional sanitario más accesible y de confianza para la población, es una pieza clave en el largo camino a seguir por el paciente oncológico desde el mismo momento en que es diagnosticado. La ayuda, el apoyo y el acompañamiento al paciente por nuestra parte puede hacer mucho por mejorar su calidad de vida física y emocional durante el largo proceso.

Gracias a Dios este no es un pensamiento aislado; somos ya muchos los farmacéuticos que cada día nos interesamos más por formarnos en todo lo que rodea a estos pacientes. Somos conscientes de la obligatoriedad de formarnos al máximo nivel en todo lo que rodea al paciente oncológico y lo hacemos dentro de un equipo multidisciplinar interconectado cuyo objetivo principal es poner el foco en la propia enfermedad y en su evolución al éxito, pero también en el propio paciente y en su bienestar en el devenir de la enfermedad.

Este bienestar en el caso del paciente oncológico está muy ligado a su calidad de vida dermatológica la cual va a ser directamente proporcional a la calidad del Consejo Dermofarmacéutico que demos a nuestros pacientes. De ahí la necesidad de formarnos correcta y profundamente con todas las herramientas y medios que tengamos a nuestro alrededor, pero siempre teniendo en cuenta que prime el rigor científico.

Un hecho que por desgracia no podemos negar es que las cifras del cáncer van en aumento día tras día, pero también es cierto que la supervivencia va en aumento gracias a las campañas de prevención, de detección precoz y a los tratamientos oncológicos cada día más eficaces.

Durante los últimos 40 años se ha duplicado la supervivencia de estos pacientes. A las terapias clásicas como la cirugía, quimioterapia, hormonoterapia o radioterapia, se han sumado las terapias dirigidas o la inmunoterapia, cosa que ha conseguido que los tratamientos sean mucho más específicos y eficaces aumentando la esperanza de vida de nuestros pacientes y haciendo que se pueda llegar a convertir en muchos casos en una enfermedad crónica. Esta mejora en los tratamientos actuales también ha supuesto en muchos casos una disminución en los efectos secundarios en algunos órganos, pero no es el caso del órgano en el que habitamos: nuestra piel.

En la piel que habitamos, la piel que en la que reside todo nuestro ser, es el órgano en el que acumula la mayor toxicidad de los tratamientos oncológicos. A día de hoy se estima que el 81% de los pacientes sometidos a tratamiento oncológico sufren alteraciones a nivel cutáneo, a nivel capilar, nivel ungueal o en las propias mucosas, mermando en mayor o menor medida su calidad de vida, no sólo con alteraciones físicas y a nivel psicológico, sino también haciendo que en numerosas ocasiones haya que disminuir la dosis del tratamiento pautado, espaciarla o incluso discontinuar el tratamiento hasta recuperar el estado fisiológico natural de la piel.

Tratamientos oncológicos y efectos secundarios cutáneos.

Los efectos secundarios de los tratamientos oncológicos en la piel pueden ser tan numerosos como intensos, pueden aparecer o no, y hacerlo de forma aislada o todos a la vez suponiendo realmente una carrera de obstáculos para nuestro paciente. La propia cirugía puede ocasionar problemas de cicatrización, con eritema, tirantez y prurito. Las cicatrices pueden sobreinfectarse, formar queloides, dar lugar a cicatrices atróficas, hipertróficas o zonas de hiperpigmentación post lesional.

La radioterapia altera desde la primera sesión la renovación celular y función barrera cutánea, dando lugar en muchas ocasiones a radiodermitis que en numerosas ocasiones pueden derivar a complicaciones severas causa de interrupción de las sesiones por elevado dolor y cuadros de sobreinfección.

Con la quimioterapia clásica los efectos adversos son tan numerosos como tipos de quimioterápicos existentes. Comenzando con lo que podría ser una ‘simple e inofensiva’ sequedad y deshidratación que realmente es el ‘pistoletazo de salida’ para que se den alteraciones más graves con mayor facilidad tales como xerosis severa, descamación, grietas y fisuras en pies, manos y pulpejos, eritrodisestesia palmoplantar, queratosis pilar, alteraciones en la pigmentación, alteraciones ungueales y onicólisis severas, hasta la tan conocida y temida alopecia.

En el caso de las terapias dirigidas esta toxicidad cutánea se magnifica enormemente y a todas las alteraciones anteriores se suman exantema máculo-papuloso, erupciones acneiformes, que aparecen desde los primeros ciclos y en zonas ricas en glándulas sebáceas y que nunca se deben confundir con brotes de acné ni comparten el mismo tratamiento dermatológico, junto con paroniquias o granulomas piogénicos.

Denominador común a todos los tratamientos, incluidas también la inmunoterapia y las terapias hormonales, son las reacciones de fotosensibilidad por lo que es otro punto a tener muy en cuenta dentro del Consejo Dermofarmacéutico a estos pacientes.

El valor del Consejo Dermofarmacéutico.

El Consejo Dermofarmacéutico en estos pacientes podemos decir que busca un tratamiento coadyuvante para conseguir desde el primer momento una piel en perfecto estado en la que prime la salud y calidad cutáneas.

No es lo mismo que la piel de nuestros pacientes comience el tratamiento oncológico sana y en perfecto estado, con una función barrera en perfecta y un estado de hidratación óptimo, a que la piel reciba la toxicidad del tratamiento ya alterada. Con una piel con una correcta rutina de cuidados y con los productos dermofarmacéuticos adecuados vamos a minimizar la aparición de alteraciones cutáneas y en el caso de que aparezcan conseguiremos que no sean tan intensas. En estos pacientes la prevención y construcción de una piel de calidad es clave desde el primer día que son conocedores del diagnóstico.

La protección de elementos cutáneos en el día a día como son la función barrera, el propio microbioma cutáneo o sistemas antioxidantes y reparadores enzimáticos es fundamental para preservar su correcto funcionamiento.

Los productos escogidos y recomendados debemos tener la seguridad de que van a ser bien tolerados y de que no contienen potenciales irritantes como perfumes o alérgenos de declaración obligatoria. Deben a su vez contener en su formulación activos que demuestren con aval científico las propiedades que reivindiquen y su eficacia. Y por supuesto deben ser sensorialmente agradables en la medida de lo posible para de esta forma aumentar el cumplimiento del paciente a las rutinas cosméticas y por tanto al correcto cuidado de la piel.

Productos de higiene facial adecuados para una rutina de doble limpieza ricos en aceites vegetales, como el aceite de jojoba, de almendras dulces, de oliva o girasol o lípidos fisiológicos naturales como la fitoesfingosina, ceramidas esenciales o colesterol que fortalezcan la barrera cutánea desde el primer momento haciéndola menos permeable, disminuyendo la pérdida de agua transepidérmica y aumentando la hidratación. Productos en base acuosa ‘’syndet’’ con pH ligeramente ácido o eudérmico enriquecidos con activos como la glicerina, el pantenol o biosacáridos por sus efectos hidratantes, calmantes, restauradores de la barrera cutánea y de disminución de la sensibilidad cutánea, todos ellos realmente importantes en la limpieza con agua que en principio puede parecer inocua pero que en numerosas ocasiones es un primer paso que puede resultar agresivo alterando el estado de la piel.

A nivel tratamiento se buscarán activos antioxidantes que consigan inhibir radicales libres, estrés oxidativo e inflammaging como puede ser vitamina C estabilizada, ya que va a ser perfectamente tolerada por estos pacientes, vitamina E, ácido ferúlico o resveratrol. Activos que hidraten en gran medida como el ácido hialurónico en todas sus formas moleculares, glicerina o ácido láctico, o bien que refuercen la función barrera como la manteca de karité o la niacinamida, la cual es realmente versátil ya que además tiene propiedades calmantes, antiinflamatorias, controla la secreción de sebo, sin resecar y evita alteraciones en la pigmentación. Buscaremos también activos reparadores, calmantes y antiinflamatorios como el pantenol, la centella asiática, el bisabolol o el extracto de regaliz. Y, como no, activos multifunción como los aceites ozonizados diferenciadores por su capacidad cicatrizante y germicida que actúan frenando el sobrecrecimeinto de bacterias, virus y hongos tan potencialmente peligrosos en estos pacientes. Interesantes son también formulaciones que contengan prebióticos, como los extractos de Chlorella, Laminaria, Plankton u oligosacáridos, o bien postbióticos como lisados de Lactococcus o Lactobacillus fermentados para mejorar el microbioma cutáneo tan importante en la salud de la piel.

La fotoprotección es otro de los pilares básicos en oncodermatología, ya que todos los tratamientos producen una disminución de la DEM (Dosis Mínima Eritematógena) frente a UVB y UVA. La fotoevitación, la protección física con prendas de ropa, sombreros y gafas debe ir complementada con el uso de fotoprotectores de amplio espectro, formulados en la medida de lo posible con filtros inorgánicos o físicos y SPF50+, aplicados en cantidad adecuada (2mg/cm2 de piel), durante todo el año e incluso en interiores ya que no debemos olvidar que la radiación UVA e IR atraviesa los cristales y reaplicados mínimo cada hora y media en este tipo de pacientes.

Nuestro consejo farmacéutico abarca infinidad de aspectos más como el maquillaje correctivo terapéutico, consejos sobre salud sexual, la cavidad bucal o asesoramiento sobre el cuidado capilar y el uso de accesorios para mejorar la imagen y autoestima. Así que nuestra formación debe ser continua y constante a la vez que totalmente actualizada, y lo que nunca debemos olvidar es trasladar todas estas recomendaciones no solo a los pacientes, sino también a familiares y cuidadores ya que su figura y bienestar durante todo el proceso es punto clave en la calidad de vida del entorno y en el éxito y llegada a buen puerto de este largo camino.

Camino en el que los farmacéuticos tenemos mucho por hacer dando nuestro mejor Consejo Dermofarmacéutico para mejorar la calidad de vida y el bienestar cuidando del lugar en el que el paciente habita: su piel.

Blanca Llácer
#EnLaPielQueHabitas

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