CÁNCER Y MEDIO AMBIENTE

La OMS define la salud ambiental como el área de conocimiento de la salud pública que identifica, caracteriza, vigila, controla y evalúa

los efectos sobre la salud humana de los distintos factores de riesgo ambiental.

Una salud ambiental que depende directamente del ecosistema en el que convivimos afectado en gran medida de factores externos asociados al modelo de desarrollo que establezcamos. Factores sociales, económicos, ecológicos e incluso del patrimonio histórico afectan de forma directa a nuestro ecosistema. Y con ello a nuestra salud, que depende en gran medida de la calidad del mismo. Podemos decir por tanto que el medio natural en el que vivimos acaba devolviéndonos recursos de mejor o peor calidad en base a nuestros comportamientos frente al mismo.

Hablar de cáncer y medioambiente, es hablar de todos aquellos factores que, bien por el comportamiento humano, o por la propia acción de la naturaleza pueden ser desencadenantes de agentes carcinógenos.

Hablamos de medio ambiente para que se entienda mejor, aunque a mí personalmente, como ya lo he hecho al principio, me gusta más utilizar el concepto ecosistema. Si hablamos de ecosistema, no solo hablamos desde el prisma de la naturaleza únicamente sino incluimos también el comportamiento de las personas y su grupo de influencia. Para un farmacéutico que trabaja la vulnerabilidad en salud, es más completo analizar siempre cualquier variable desde una perspectiva comunitaria que individual. El medio ambiente no es algo estático y la interacción con la comunidad y las actitudes de esta, nos marcará los niveles de salubridad en un determinado lugar.

El ser humano necesita satisfacer sus necesidades fisiológicas más inmediatas como son comer (1-2 kg/día -2.000 kcal), beber (2 litros/día), respirar (15-20 m3/día) y eliminar sus excretas. A esto podemos añadir el contacto con la naturaleza y un factor muy importante para nosotros, habitantes de un país claramente mediterráneo: la luz del sol. Recursos todos ellos obtenidos del medio en el que habitamos y cuya calidad como ya hemos indicado, depende en gran medida de nuestro comportamiento y afecta de forma importante a nuestra salud.

Si atendemos el código europeo contra el cáncer, recomendaciones que son el resultado de un proyecto coordinado por la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer de la Organización Mundial de la Salud y co-financiado por la Comisión Europea, hay varios factores carcinógenos que se relacionan con el medio ambiente y algunos de forma más amplia con nuestro ecosistema, es decir las condiciones sociales en las que transcurre nuestra vida.

En primer lugar, nuestra exposición al sol, cada vez mayor por el deterioro que sufre la capa de ozono. En este aspecto nuestra profesión, la farmacia tiene un amplio campo de trabajo, desde la parte más industrial con la puesta a disposición de protectores solares, hasta el imprescindible trabajo del farmacéutico mediante el consejo que puede ofrecer en este aspecto. La utilización del protector adecuado, nos garantizará un día seguro de sol y disfrute y nos evitará graves problemas para nuestra salud.

Hablando de cáncer de piel, existen varios tipos entre los que destacan de forma clara los melanomas y los carcinomas cutáneos. En ambos tipos, el principal factor de riesgo implicado en su aparición son las radiaciones solares, especialmente en los segundos, sobre todo las de tipo B (UVB) y las de tipo A (UVA). En la piel, estas radiaciones son capaces de producir mutaciones en el ADN de las células que la componen impidiendo su reparación, iniciándose así el proceso de la formación de un cáncer que suele presentar unas lesiones muy características, conocidas por la regla del A, B, C, D, E:

A: Asimetría
B: Bordes irregulares
C: Color variado
D: Diámetro mayor de 6 mm
E: Evolución (cambio de aspecto)

Es importante también evitar el uso de las cabinas de rayos UVA que tan de moda estuvieron hace unos años.

Otro riesgo al que estamos expuestos es el radón. Según datos de la OMS es la segunda causa de cáncer de pulmón en la población general después del tabaco. El radón es un gas que se produce por la desintegración natural de los elementos químicos uranio, torio y radio presentes en las rocas y en la tierra. Es un gas invisible, inodoro, insípido de ahí su mayor peligrosidad al no poder ser detectado en nuestra actividad normal. Se filtra a través del suelo y se difunde en el aire más habitualmente de lo que podamos creer. En algunas zonas, dependiendo de la geología del lugar, el radón se disuelve en el agua subterránea y puede difundirse en el aire en el momento de usar esa agua.

Los estudios epidemiológicos han demostrado su asociación con el cáncer incluso para los niveles de radón relativamente bajos que suelen existir en los edificios en los que vivimos habitualmente.

La suma de la exposición al radón y al humo del tabaco supone un mayor riesgo de padecer cáncer que la exposición únicamente a uno de los factores. El tabaco, perjudicial en todos los sentidos a nivel de salud y como ya hemos dicho principal causa del cáncer de pulmón. Cada vez menos afortunadamente debido a las políticas que se aplican, pero se convierte en un problema en lugares como el hogar y el trabajo en donde pasamos muchas horas, y que deben ser lugares sin humo.

Un cuarto riesgo está en el entorno laboral y el manejo y exposición a sustancias peligrosas. Para protegernos, es necesario que cumplamos todas las normativas que se nos indiquen los responsables de prevención de riesgos laborales en materia de protección de la salud.

Al margen de todos estos factores más comunes, nos podemos encontrar de forma muy puntual otros como pueden ser las radiaciones de alta frecuencia o ionizante-por ejemplo, rayos X o gamma que no debemos confundir con las de baja frecuencia como la luz normal o la producida por los teléfonos móviles. O determinadas sustancias que podemos respirar o ingerir con los alimentos o el agua que pueda contaminarse como por ejemplo el arsénico, pesticidas o subproductos de la desinfección. Como hemos visto al principio, el agua el aire y los alimentos que obtenemos de la naturaleza, son nuestra fuente principal de vida y por ello, supone un grave problema de salud pública su contaminación.

En definitiva, nuestro entorno, el aire que respiramos, los productos que ingerimos y algunos elementos que recibimos de la naturaleza como el sol, pueden resultar peligrosos por su diferente grado de carcinogénesis. Con la ventaja en todos ellos de contar por parte del ser humano con una amplia capacidad a la hora de trabajar la prevención de los mismos. Para ello es importante contar con profesionales, no solo de la salud sino también de otros ámbitos, que puedan dar respuesta a las necesidades que en los entornos en los que nos movemos puedan surgir y facilitar con ello un ecosistema compatible con la buena salud.

Ángel Acisclo Huélamo Villanueva
Director de Farmacéuticos Sin Fronteras de España
CEO Fundador de AHP_Impacto

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