LA CULPA, ESE SENTIMIENTO QUE A TODOS NOS ACOMPAÑA

Las frases repetidas inconscientemente en los procesos de enfermedadsuelen ser demoledoras, en el sentido más terrible de la palabra. Demoledoras desde dentro. Demoledoras sin pretenderlo. O pretendiéndolo. Llenando de culpa a quien las recibe o, quizá… ¿recordándonos la culpa que ya cargábamos?

La culpa es un sentimiento que actúa como una envoltura que cubre completamente a la persona que la vive, que le resta fuerzas, que la llena de pesar. Acabar con esa culpa supone deshacerse de un peso, pero también requiere que la persona viva un cambio interno, más o menos arduo, pero que siempre lo marcará. Sabiendo esto… ¿Cómo poder desprendernos de la culpa? ¿Cómo perdonarnos aquello que creemos que hemos hecho mal?

En primer lugar, es necesario que la persona sea consciente de que siente culpa, independientemente del motivo por el que la viva. Para ello, será importante que tenga el apoyo de sus seres queridos e incluso de profesionales, como los psicólogos, que le escuchen y le ofrezcan un espacio físico y emocional en el que se pueda desahogar y pueda transmitir sus sentimientos. El cambio en la narrativa de la historia que le lleva a esa culpa le ayudará a que sea consciente de que fue algo que sucedió y ya no se puede cambiar: en lugar de decir “podría haber hecho” es mejor afirmar, simplemente, “hice”.

A consecuencia de ese reconocimiento del sentimiento, la persona tomará conciencia de que no puede seguir cargando con la culpa, de que esa envoltura no le deja vivir de un modo tan pleno como podría. Habrá de identificar:

– Los síntomas físicos/psíquicos/espirituales provocados por la culpa que vive (nerviosismo, insomnio, inseguridad, aislamiento, tristeza, dolor…).
– Que la culpa es un desequilibrio entre sus propias expectativas y valores y lo que pudo hacer realmente: a veces querríamos llevar a cabo ciertas acciones, pero las circunstancias personales/del entorno nos impiden tomar el camino que pensamos ideal.
– Que confundirse forma parte de la naturaleza humana.
– Que todas las personas sienten culpa en algún momento de su vida.
– Que es diferente ser responsable de algo que sentir culpa.
– Que el sentimiento de impotencia a veces se disfraza de culpa.

Después, la persona deberá buscar ayuda, en algunos casos profesional (psicólogo, enfermero, médico), para lograr una reflexión profunda que le ayude a ajustar expectativas, a trabajar su autoestima y aceptación personal.

Finalmente, será capaz de llegar al cambio que le lleve a perdonarse a sí misma, que le lleve a tomar las riendas de su vida y acabar con el rencor. Una vez llega ese perdón personal, se finaliza con la culpa, pero será positivo que el individuo tome conciencia del camino que ha vivido hasta llegar al perdonarse, se sienta agradecido por todo el camino que le queda por delante y se permita vivirlo con plenitud, asumiendo responsabilidades y viviendo siguiendo sus propios valores, pero alejándose del perfeccionismo, ya que éste nos lleva a la culpa de nuevo.

Así, podemos concluir… que la culpa es un sentimiento muy humano, pero que errar es de humanos. Que vivir nos da la oportunidad constante de vivir de otro modo. Que a veces tomamos las decisiones que nos toca en ese momento, y no tanto las ideales. Que ser perfecto no es sano. Que ser feliz también es aceptar nuestras aristas. Que no tenemos la necesidad de vivir ciertos caminos solas.
Abrázate. Comparte. Suelta lastre. Vive.

Autora: María Zamora

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