EMPATÍA, ESA ASIGNATURA PENDIENTE

Soy Dany, técnico de radiología y llevo en este maravilloso mundo de la imagen para el diagnóstico más de treinta años, gran parte de ellos trabajando en tomografía computerizada.

Dentro del circuito que siguen los pacientes para el diagnóstico del cáncer, éstos pasan en algún momento por el servicio de diagnóstico por la imagen, ya sea para un primer diagnóstico, para su confirmación mediante una biopsia o en los controles que se realizarán durante su proceso de curación.

Los días de intervencionismo en TC, son días en los que disfruto intentando ayudar a los radiólogos a la hora de plantear cuál puede ser el mejor acceso para llevar a cabo una biopsia, drenaje o algún determinado tratamiento. Cada caso es especial, cada proceso intervencionista conlleva características concretas y requiere por tanto de abordajes diferentes.

Para este menester nos sentamos ante el monitor después de haber obtenido las imágenes por medio de la TC y de forma conjunta, cada uno aportando sus conocimientos y experiencia, se decide la mejor manera de proceder. Es un momento en el que se trabaja de manera unida para lograr una decisión óptima que garantice por un lado la mayor comodidad para el paciente y por el otro la máxima seguridad en la actuación para minimizar los riesgos.

Estos días tienen además una característica que los hace particulares, y es que en el intervencionismo los pacientes necesitan un extra de humanidad. Cada paciente carga con su propia mochila de dudas, emociones, preocupaciones,…

Son días en los cuales tratas de volverte menos técnico y más persona.
Disfruto a nivel técnico, como he comentado anteriormente, pero también lo hago cuando hablo con el paciente de camino a la sala y dependiendo de su estado de ánimo intento entrar con ellos con mi mano puesta en su hombro o espalda, explicándoles que no se debe preocupar por nada, que olviden todo lo que les hayan podido explicar o haya leído en “San Google”.

Dentro de la sala les espera un ángel que irradia amor y dulzura, ella es Chus, compañera de trabajo desde hace muchos años, que con sus gestos y sus dulces palabras se los gana a todos.

Entre los dos intentamos infundir confianza, tranquilidad y lo más importante un toque de humor que suavice la situación; de esta manera se apacigua parte de la aprensión con la que llegan si bien es cierto que el miedo al dolor y a lo desconocido sigue existiendo.

Mientras le acompaño al vestuario le explico detalladamente en qué consiste la prueba y haciendo especial hincapié en que en ningún momento debe notar dolor pero que en caso de que lo sintieran en algún momento concreto, simplemente nos lo hagan saber ya que disponemos de los medios para evitarlo.

Recuerdo una paciente de unos 40 años, de cabellos largos, piel morena y tatuajes en brazos y espalda.

Una vez ya tumbada, en este caso boca abajo en la camilla de la TC, me preguntó cogiéndome la mano: “Pero Dany, ¿seguro que no me engañas eh? ¿de verdad no me van hacer daño?”. En ese momento como hago en muchas ocasiones, le dije: “Tranquila que hemos estado viendo unos videotutoriales en YouTube, que explican con todo detalle los pasos a seguir”; en ese instante, al igual que la gran mayoría de pacientes a los que les hago el mismo comentario, me miró asustada encontrándose con mi expresión de travieso que acabó por hacerla sonreir.

Tras la obtención de las imágenes para la localización de la lesión y la decisión del abordaje, entramos en la sala y le explico que le dibujaré en la piel una cruz con un rotulador en el punto exacto donde el doctor realizará la punción. En este caso aproveché el tema del mundo del tatuaje para seguir con un poco de humor: “No pienses que la marca es muy elaborada, que son dos simples líneas, pero te quedan bien al lado de este tatuaje”. Después de esto ella me dijo: “Dany ¿te puedo pedir que mientras me pongan la anestesia estés aquí conmigo hablándome?” y le contesté: “Venga, aprovéchate ahora que no te ve mi mujer” a la vez que le tomaba de la mano.
Llegó el momento de la anestesia y la fuerza con la que me apretaba la mano segundos antes del pinchazo era enorme, me acerqué a su oído y le empecé a hablar en voz baja sobre los tatuajes que llevaba, que me encantaba todo el mundo del tattoo y que estaban muy bien hechos. A los pocos segundos noté como su mano se relajaba al tiempo que le daban el primer pinchazo del anestésico local.

Seguimos unos segundos más hablando del dolor de los tatuajes según la zona mientras la anestesia local empezaba a hacer su efecto.

Salí entonces de la sala de intervencionismo para entrar en la sala técnica y empezar la punción bajo control de escopia.

Al finalizar la intervención nos reconoció que ciertamente no había notado dolor, el escozor de la anestesia, tal y como le habíamos explicado y que simplemente notaba que le tocaban pero que nunca sintió dolor.

Pasaron unos meses y estando trabajando, me dice otra compañera: “Hay una chica que pregunta por tí y que quiere saludarte”. ¿Adivináis quién era?… la chica de los tatuajes. Me acerqué para saludarla y cogiéndome de la mano fuertemente le contaba a mi otra compañera lo importante que fue para ella el que la hubiera distraído de aquella manera tan dulce, empática y hábil; hablando sobre un tema que le encantaba como eran los tatuajes y que lo que más recordaba de todo el tiempo que duró la intervención eran aquellos primeros segundos que estuvo cogida de la mano.

Post escrito por Daniel Fontes Caramé
Técnico en Imagen para el Diagnóstico.

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