GANANDO BARLOVENTO

Carmen Rojas Obregón
Diciembre 2019

Hace unos días me propusieron contar mi vivencia con el cáncer. Escribí alguna idea inicial para elaborar este texto, pero la orientación que le daba, era distinta cada vez que pensaba desarrollarlo. Por supuesto esta nota no tendría el mismo carácter si lo hubiera escrito al mes de la cirugía, por ejemplo. El aprendizaje y la evolución te van enseñando. Obviamente cada persona y cada mente caminan de forma diferente y tampoco los especialistas te cuentan todo lo que vas a sentir, porque cada cual es un mundo, podemos tener cambios, síntomas y maneras de reaccionar bien diferentes.

Quiero compartir mi experiencia porque me siento muy afortunada. Este momento, otra vez, me ha dado su enseñanza.

Soy una mujer de 55 años, hace nueve meses me realizaron una mastectomía. Anteriormente ya había pasado por el quirófano: un par de veces también por cáncer de mama y otras por histerectomía, reconstrucción vesical, hepatectomía parcial y otras menudencias… Lo que mejor recuerdo es la sonrisa y la sensación de “be happy” al despertar de la anestesia -¡Benditos magos los anestesistas!-.

Dicen que la experiencia es un grado, pero como siempre, en esta revisión no esperaba en absoluto tener “premio”. Nunca se espera.

Al principio de cada proceso la cabeza va muy deprisa: la incredulidad, la incertidumbre, el miedo al dolor, el desconocimiento, te atropellan y te machacan. Era el momento de confiar en los grandísimos profesionales que nos rodean y arropan: el cirujano se convirtió nuevamente en mi aliado y desde luego, su ayuda era el empuje que me devolvía a la fuerza. Sus palabras de reconocimiento, comprensión, sensibilidad, su paciencia llamando al final de las jornadas, en ocasiones casi a diario…

¡¡¡GRACIAS Dr. José Luis Gómez Muñoz!!!

Con normalidad desaparecía el dramatismo, que se convertía en nuevos cambios y progreso. Desde luego en tan solo trece años, -tiempo que ha transcurrido desde la primera cirugía, quimio, radio, hasta esta última intervención- todas las técnicas y tratamientos en la oncología han avanzado mucho.

A partir de este momento debía elegir la misma actitud que en situaciones anteriores: SUPERACIÓN: “esto a mí no me puede”, “mi cabeza y mi cuerpo somos un equipo y esta regata también la vamos a ganar”, “si decaigo voy a tener más trabajo para levantarme”… mantras de superación que me recitaba para recordar que con fuerza y ánimo todo es más fácil de encarar, aunque de vez en cuando diera una patada a la puerta cuando nadie me veía. Por supuesto me negaba a escuchar todo eso de “eres una campeona…” “una luchadora como tú…” No, no, ninguna persona, por fuerte que seamos, sabemos gestionar todas las emociones que se agolpan en esta situación y prefieres alguien que sabe escuchar y que habla en silencio, a que te aturdan con perogrulladas.

A partir de aquí (obviamente, van pasando semanas, hay que realizar diferentes pruebas. Tienes que ir a la consulta de distintos especialistas, pasar por la gran duda: mastectomía no/mastectomía si, consultas para disipar dudas, amigos que se alejan porque no saben qué decirte, personas que te sorprenden y te llenan de energía. Es un mar de sensaciones), no dejé de creer que, nuevamente era algo pasajero.

Cada vez que me sentía mal, pensaba que estaba avanzando y progresando para que todo quedara atrás. Que el éxito no era la meta, sino el recorrido y aunque el camino no era de rosas, la actitud positiva me ayudaba a acariciar el sosiego y reconocía que conseguir volver a la rutina (esa que nos hastía cuando estamos bien de salud) era verdaderamente una compensación, a veces la normalidad es el extra. Entonces cobra sentido lo que de verdad tiene importancia, empieza a cambiar la escala de valores, te transformas tú. A consecuencia empiezas a pensar más en ti y no por egoísmo, sino por protección. Te cuidas más en los pequeños detalles y empiezas a tener más claro, al menos lo que no quieres. A la vez es un proceso largo y a mí me ha dado tiempo, espacio y oportunidad para pensar y soltar el lastre del pasado, necesitaba dejarlo atrás. Desde ahora retomaba mi vida pensando que nacía, otra vez más, en ese momento.

Al principio, ver la cicatriz era muy duro. Por suerte se pudo hacer reconstrucción en la misma cirugía (se dudaba por la radioterapia que ya me dieron anteriormente) pero ahora me parece que siempre ha sido mi pecho así –aunque sigue cambiando, claro!- y lo que veo en esa cicatriz es que un problema se quedó atrás. Acaricio mi pecho y el resto de cicatrices, mimándolas. Son medallas a nuevos retos superados.


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